¿Soy suficiente?
¿Tengo suficiente?
¿Hago suficiente?
Estas preguntas no se me fueron de la cabeza en Fuerteventura. En ocasiones resulta muy duro cuestionarse cuál es tu rol o tu función dentro del grupo. No me consideraba buena en nada y no sé hasta qué punto podían ser útiles mis aportaciones.
Conforme hemos ido avanzando en tiempo y espacio me he dado cuenta de que todos estamos aquí por algo. Que todos aportamos y que somos piezas de un gran puzzle. Obviamente, si faltara alguna pieza, se podría intuir la imagen que representa, pero el conjunto no quedaría igual y faltaría algo que le daría sentido a todo.
Creía en los conceptos de comunidad, convivencia y respeto, pero nunca los había sentido. Nunca los había interiorizado desde la experiencia. No es nada fácil pasar de preocupaciones individuales que te pueden estacar a los retos grupales que te motivan y te llevan a querer ser mejor.
Noto cambio, noto evolución, noto crecimiento. Es una sensación indescriptible.
¿Lo más bonito? Que estoy siendo consciente del cambio y que creo que con el tiempo todo lo que estoy viviendo y aprendiendo tendrá aún más valor.
