Hacia el interior de La Gomera

Comenzamos bien pronto pues cada día esconde grandes planes. A las seis y media salimos de casa para llenar nuestra antepenúltima jornada de actividades. Resulta agradable dar nuestros primeros pasos diarios en el seno de la laurisilva, acogidos por la oscuridad. A pesar de que las horas de sueño se aprecian mucho, no podemos comparar nuestro despertar habitual con el que nos ofrece este entorno.
Nos dirigimos hacia nuestro destino con incertidumbre, pues nuestra intención es poder gozar del amanecer, pero uno nunca sabe si las condiciones meteorológicas le brindaran con tan placer. Cerca de San Sebastián paramos y bajamos: la yema de huevo ya empezaba a enrojecer el cielo, que empezaba a iluminarse. La jugada ha salido hoy a nuestro favor, hemos podido ver el amanecer. Aún con la incomodidad que generaba el fuerte soplido del viento, levantando grandes cantidades de arena, la imagen del sol saliendo por encima del Teide nos ha permitido conectar con el momento. Los nueve minutos de duración se han hecho cortos ante la contemplación. Además, unos silbidos emitidos por parte de un gomero nos ha permitido poner en práctica lo que aprendimos ayer. Ha sido divertido intentar intercambiar con él algunos silbidos.
Volvemos a embarcarnos a nuestra segunda casa, la guagua, para trasladarnos al siguiente destino. El compañerismo está en todas partes: en el aire e integrado en cada uno de nosotros… todo el camino lo pasamos cantando. Llegamos al inicio del sendero del Contador al Cedro donde nos encontramos con Josera, trabajador en medio ambiente, que nos pone un poco en contexto y, además, nos hace una pequeña demostración de silbo gomero. Antes de empezar recibimos a Andreia y a Mar, de BBVA, que nos acompañarán hasta la tarde. Durante el sendero disfrutamos, una vez más, de la sublime laurisilva que nos ofrece ese verde espesor a lo largo del camino. Sin duda, entre las vistas y las sabias explicaciones que aportadas por Tino, el sendero ha sido muy complaciente.
El fin del sendero nos lleva a casa, de modo que de nuevo estamos preparados para más actividades. En primer lugar realizamos una rueda en la que todos y cada uno de los ruteros expresamos, junto con Andreia y Mar, qué nos has aportado Ru7a de cara al futuro. La verdad es que en este punto las emociones ya están a flor de piel y hablar de esta temática nos ayuda a exteriorizarlas. Naturalidad, determinación, perspectiva, autonomía, agradecimiento, ganas y motivación por aprender, materialización de ideas e ilusiones, escuchar, relativizar la importancia de las cosas… son algunas de las cosas que surgen durante este rato.
Seguidamente llevamos a cabo la última sesión de talleres creativos. Despedimos el tiempo y el espacio en los que los momentos de taller nos han permitido encontrar y liberar nuestra creatividad. Todo ello nos invita a reflexionar sobre continuar generando estos espacios creativos en casa puesto que suponen una evasión saneadora.
Terminamos el día con una velada de lo más terrorífica. El Cedro se llena de niebla, gritos y temblores cuando nos disponemos a descubrir quién mató a Clara, la curiosa chica del Grupo 8 que desapareció el año pasado durante un incendio. Con el misterio en el aire, descubrimos nuestras capacidades de trabajo en equipo. ¡Buenas noches!… si es que conseguimos dormir.

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