Nuestros calendarios marcan ya el día veinte de Ruta Siete y aunque aún queda bastante por delante, no podemos evitar oler el final acercándose un pelín más. Eso nos inquieta, pero los paisajes sobrecogedores de esta increíble isla atrapan nuestra atención y son como un bálsamo para paliar la profecía de la nostalgia venidera y nos arrastran inevitablemente hacia el presente, para que nuestros sentidos los saboreen y cualquier otro asunto se torne irrelevante.
Comenzamos el día en una colaboración en la que colaboramos quitando pinocha en un pinar de ensueño, previniendo que se pudiera propagar algún fuego. Los conceptos ‘unión’ y ‘colaboración’ son dos constantes en este viaje y hoy estas palabras han sido protagonistas un día más. A todos nos llamó la atención lo rápido que iban las nubes -como si en el Hierro el tiempo pasara más deprisa-, quizás esto es así porque viajan ligeras; desprovistas de gran equipaje, de cadenas que las aten a algún lugar; pequeñas gotitas de agua que se unen hasta caer en algún campo de tierra fértil y hacer que sabrosos frutos y coloridas flores crezcan. Igual de rápidos y coordinados que éstas, limpiamos el campo hoy para cuidar la tierra, entre conversaciones con uno mismo y con los demás, entre risas, canciones y juegos.
Más tarde, seguíamos recibiendo regalos paisajísticos: el sendero que realizamos a través de la montaña hasta llegar a la costa de La Restinga; un arcoiris de tierra roja, negra, flores halófilas verdes, marrones montañas con pinos frescos que se veían a lo lejos, el azul del mar de Las Calmas acariciando la costa con suavidad las conchas blancas en la tierra… Al final del camino el baño y la comida nos supieron a gloria y tras haber repuesto energías nos dirigimos hacia el Museo Vulcanológico de la Restinga para bucear más en la idiosincracia de este interesante y bonito lugar.
Por último, le tocó el protagonismo al sentido del gusto y llegó el momento que nuestros paladares y estómagos estaban esperando: el reto culinario de comida Canaria. Al terminar éste, Guillermo, rutero de 2011 y una de las personas más interesantes, curiosas e inquietas que hemos conocido, compartió con nosotros su forma de vida y nos habló a cerca de no tener miedo de tomar decisiones que nos hagan felices, aunque se salgan de lo establecido y lo que marca la presión social
Un día más en esta aventura que hemos exprimido hasta bebernos el jugo y que no habría sido posible sin la aportación de cada gotita que forma este oceano de camisetas azules y es que, ‘si vas sólo llegarás antes, pero si vas acompañado llegarás lejos’ y nosotros estamos a dos islas de llegar a las estrellas.
Las nubes que viajan ligero
