Día 22 de viaje. La mañana ha comenzado de la forma más inesperada con una actividad mañanera de twerking realizada por dos compañeros, cada día se hace algo nuevo en ruta.
Luego, toda la comunidad se ha desplazado hasta la plaza de los Llanillos para realizar un sendero con sillas Joëlette con las que Aitor y Nico pudieron recorrer la costa de frontera. Esta actividad se realiza en colaboración con In Corpore Sano, un club deportivo de montañismo que hace una labor social increíble con este tipo de eventos. Hemos tenido la suerte de haber realizado esta actividad con sillas jöellete anteriormente en la isla de Gran Canaria. Aún sorprende ver como se nos ponen los pelos de punta al observar las reacciones que provocamos con nuestra pequeña aportación. Es la magia de la marea azul.
Al acabar el sendero, se pudo disfrutar de un baño en las piscinas naturales de la playa de La Maceta, que poseía una de las aguas más limpias que se puedan ver.
Dirección al municipio de El Pinar, nuestra siguiente colaboración era compartir unas horas con los mayores. Quien nunca haya tenido la oportunidad de visitar una residencia de ancianos, se lo recomendamos. Allí estábamos en aquel lugar, dos generaciones y miles de historias por contar, sentimientos encontrados, canciones que cantar o ritmos que bailar. Ver las lágrimas en los ojos y el agradecimiento de todos allá donde vamos no se compara a nada. Esto nos demuestra que el efecto de nuestra huella positiva perdura en el tiempo.
Se acercaba la noche y no podíamos dejar escapar una oportunidad única para ver el atardecer en el mar de Las Calmas. Después de 22 días de Ruta Siete, se pudo ver un precioso atardecer en el horizonte, sol y nubes nos dejaron uno de los mejores recuerdos de este viaje transformador. Con semejante paisaje y rodeados por las aguas cristalinas de la isla, cada uno sentía ese momento a su manera. Los ojos tienen la capacidad de transportarte a otro lugar dentro de tí, a otra dimensión.
El día acababa aunque una pequeña sorpresa nos aguardaba. La coordinación quiso aprovechar la escasa contaminación lumínica del lugar para poder tumbarnos a ver las estrellas. Bastaba con mirar al cielo para ver la inmensidad de todo lo que nos rodea, en ese entonces pensé en nuestros motivos para estar allí, los de todos y cada uno de los ruteros. Esto me hizo reflexionar y entendí que el objetivo de todos era empezar el cambio, ahora hay que seguir avanzando en el camino.
