Primera huella: Gran Canaria

Por fin llegó el día, la cuenta atrás se puso a cero y el momento de ponerse la camisa se hizo realidad. El primer encuentro se produjo a las 7:30 en la plaza de la música, detrás del Auditorio Alfredo Kraus. Todos estábamos nerviosos e ilusionados, la incertidumbre estaba presente pero ha sido el comienzo de una gran aventura.

Nuestra primera casa se encontraba en Santa María de Guía y todo era nuevo para nosotros. El terreno de lucha se convertiría muy pronto en una cama de matrimonio para todos, donde el viscoelástico lo sustituiríamos por esterillas y las almohadas por nuestra ropa amontonada.
Por otro lado, nuestro primer grupo se transformó en nuestro primer reto. La organización y la coordinación resultaba complicada y la presión que soportábamos por cumplir nuestras tareas no ayudaba. El concepto de la palabra responsabilidad cogía forma en nuestras mentes ya desde el primer principio.

El día siguiente lo marcó la excursión con Zule y Víctor y sus vehículos maravillosos: las sillas joëlette que permiten el acceso a lugares poco accesibles a personas con diversidad funcional. Nos llamó la atención la actitud de Víctor frente la vida. Su sonrisa y su mirada revelaba la felicidad, las ganas, y el agradecimiento que sentía en ese instante. Hablar con él y con sus responsables nos ayudó a crecer un poco más.Tras aquello, pusimos rumbo a Guía y empezamos con los talleres creativos, resulto curioso leer e intentar comprender la escritura de otro. Aunque aún más todavía escuchar una opinión sobre ti.

Para acabar las primeras 48 horas, nos visitaron Jesús Garriga y Ari Giménez. Simplemente nos envolvimos en magia con sus letras y reflexiones. No obstante, antes de cerrar los ojos y empezar un nuevo día nuestros compañeros nos presentaron Gran Canaria con un toque de humor no intencionado y espontáneo.

Tercer día. Manu y su personalidad única nos daban los buenos y propicios días y de esta forma aprendimos una lección: el sudor de la madrugada no es un cuento de hadas. Más adelante, mientras los compañeros de RTVC hacían un directo, recogimos malas hierbas en un campo de fútbol. Posteriormente hicimos una recogida de pinocha junto a niños para fomentar la concienciación con un aporte de diversión. La huella positiva de la que hablaban era tangible y descubrirlo nos alegró a todos. La ilusión crecía exponencialmente.

Pudimos acercarnos a la lucha canaria, que impresionó a muchos ru7eros, incluso la pudimos practicar. En aquel momento sentí al ver las caras de mis compañeros que uno nunca aprecia del todo lo que tiene. Y comprendí que es injusto e inevitable, aunque uno debe intentar siempre mejorar.

Tuvimos la oportunidad de visitar una antigua casa del municipio de Santa María de Guía donde Nacho trató de explicarnos porque el 40% de Canarias está protegida. Al ser canario aprendí mucho de mis islas y consiguió que fuéramos más conscientes del paraíso donde estábamos.
El día parecía que no podía mejorar más, pero Yeray Rodríguez y su agilidad mental y verbal nos demostraron lo contrario gracias a los versos.

El cuarto día nos despertamos con un recuerdo de la gran final ya que comenzamos el día con Zumba. Después realizamos una visita al ayuntamiento de Santa María Guía y conocimos el Soleto de Ingenio y el «Cenobio» de Valerón con lo que aprendimos cultura canaria de primera mano.Desde allí la guagua nos hizo descender a la playa de la laja. El encuentro ru7ero nos esperaba para profundizar en el proyecto. Otro gran día redondo para el recuerdo, aquella noche era la última en Gran Canaria y despertamos al día siguiente focalizados en la segunda isla, Fuerteventura.Definitivamente que dulce nos ha sabido Guía, todo ha ido sobre ruedas.

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