Pablo Sotoca, «El juego va de aprender»

Un profesor del presente que contribuirá a cambiar el futuro, ese es Pablo Sotoca. Una persona que disfruta haciendo su trabajo, muy sencillo y creativo, de esas personas que te puedes cruzar en cualquier sitio y te contagia positivismo. Estudió Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y, posteriormente, Magisterio. Actualmente trabaja como docente en un aula de compensación educativa en un colegio de Madrid, y como profesor en la Universidad de Alcalá. Hoy, Pablo, ha querido compartir con nosotros unas reflexiones sobre su profesión, su paso por Ruta Siete y como esto cambió su perspectiva de vida.
En los diez días que ha estado Pablo con nosotros hemos podido conocer un poco más algunas de sus aficiones y habilidades, como pueden ser la música y el deporte. Como docente Pablo cree que se deben potenciar todas las habilidades del maestro con el fin de favorecer el desarrollo de los niños, por lo tanto, él intenta unificar estas dos habilidades en sus clases usando el método de la gamificación: “Lo que hago es explicar el contenido teórico a través del juego, es decir, combino la teoría con actividades prácticas, como por ejemplo una canción en la que los datos  teóricos importantes se repitan varias veces. Esta metodología es más creativa y divertida con lo cual provocamos que el aprendizaje de los pequeños sea significativo.”
Según nos comenta Pablo “para ser un buen docente tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos para que nuestros alumnos se lleven todo lo que les podemos aportar”. Un docente debe estar en continuo aprendizaje “el juego va de aprender, si todo lo que aprendemos lo compartimos esos aprendizajes se convierten en una cadena de conocimientos. Nosotros tenemos que fomentar el gusto y la curiosidad por el aprendizaje provocando conexiones entre los aprendizajes de los niños y su vida diaria», añade Pablo.
Las acciones que Pablo lleva a cabo en sus clases, para ser ese prototipo de docente, son muy variadas puediendo dar un temario entero cantando, crear un concurso de masterchef para una asignatura o hacerlo mediante un cuento. Pablo  se rige por dos pilares fundamentales “la formación constante en mi vida laboral y aprender algo de cada una de las personas que me rodean, al fin y al cabo, se trata de hacer tuyos todos esos aprendizajes exteriores, crear tus propios métodos de enseñanza y volcarlos en el aula”. No todo es la creatividad en el aula, también tenemos que enseñar a los niños otro tipo de valores como la empatía, autonomía, curiosidad, emociones, rectificar y pedir disculpas son algunos de los valores que se trabajan de manera trasversal en el aula según nos dice Pablo.
Hemos podido comprobar que la docencia tiene una gran importancia en la vida de Pablo pero también está implicado en otro tipo de actividades como pueden ser el proyecto de Ruta Siete y otros proyectos de voluntariado. Con esta actitud tan abierta e inquieta ante la vida, Pablo, nos demuestra la importancia de moverse por el mundo y crear una red de personas que puedan ayudarte y de los cuales puedas aprender.
Esto fue uno de los aprendizajes que adquirió cuando fue rutero, en el año 2012, desde entonces Pablo siempre ha estado vinculado con el proyecto de Ruta Siete “me siento muy vinculado a Ruta porque es un proyecto en el que creo, que me ha aportado mucho y yo intento devolvérselo”.
 La forma que tiene Pablo de colaborar con este proyecto es ayudar siempre que puede en las actividades, dinamizar las quedadas en la península, ayuda en las publicaciones de Facebook y difusión del proyecto en todos los ambientes en los que tiene posibilidad de acción, como puede ser la universidad.
Al hablar del proyecto de Ruta Siete es claramente visible lo mucho que se emociona al recordar el momento en el que fue rutero y coordinador. “Ruta Siete me aportó mucho, me llevé muchas personas, cambié mi forma de pensar pasando de ego a eco, la importancia de vivir en comunidad o tener que colaborar con otros para conseguir cosas más grandes. El Pablo que vino con dos mochilas llenas de cosas materiales se fue con una tercera mochila  llena de experiencias, emociones y sentimientos”.
Algunos de los aprendizajes que Pablo se llevó de Ruta Siete, y es capaz de aplicarlos tanto en su vida laboral como personal,  son el poder que tiene el grupo “solos somos una pequeña gota, pero juntos somos un gran océano”, aprender a abrazar, es decir, aprender a no juzgar ni a etiquetar a las personas, valorar el entorno que te rodea, escuchar, valorar las opiniones de los demás o perder miedo a dar una opinión personal.
Finalmente os dejamos una pequeña reflexión de Pablo sobre lo que significa para el este proyecto y como ha afectado a su vida “Ruta Siete es una experiencia muy enriquecedora a nivel personal, el aprendizaje que te llevas se va manifestando conforme pasa el tiempo y te vas dando cuenta, poco a poco, de todo lo que te has llevado y has aprendido durante los 35 días. Lo mejor del viaje, sin duda alguna, son todas las personas y los momentos que pasas con cada una de ellas”.

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