Darle los buenos días a La Gomera por primera vez implica asumir que los viajes tocan su fin, lo cual no conlleva que las vivencias del diario sean menos intensas, al contrario, las emociones se viven a flor de piel.
Esta mañana la niebla envolvía nuestra residencia ubicada en el parque de El Cedro. Después de todos los contrastes paisajísticos que hemos visto en las islas anteriores, el bosque de laurisilva característico de La Gomera nos recibió en el que será nuestro hogar durante los próximos días. Continuamos explorando la flora del lugar realizando un sendero que partía de Reventón Oscuro y finalizaba en el Alto de Garajonay. Entre pequeños caminos rodeados de líquenes y gotas de agua, se abren pequeños claros que permiten perder la vista en los numerosos miradores que adornan la caminata. Entre ellos, nos sentimos especialmente cautivados por el Mirador de Tajaqué, donde la niebla se escurría por las faldas de las montañas mientras al fondo se podía contemplar Tenerife. Llegamos al alto de Garajonay después de numerosas subidas y bajadas, mientras la luz del sol de mediodía bañaba nuestras camisetas azules. Allí arriba, uno casi siente que es infinito. El Hierro, La Palma y Tenerife conformaban hoy el repertorio de islas que se observaban en el horizonte, las cuales nosotros miramos con ojos llenos de recuerdos.
Comimos en la Playa de la Cueva, dejamos espacio para uno de nuestros últimos chapuzones, y recorrimos de nuevo el camino a casa.
Pablo es uno de los colaboradores que nos acompañan en esta isla, y hoy tuvimos la suerte de conocerle un poco más a través de unas actividades creadas por él mismo y de una pequeña charla. Con él comprendimos que a través de la música nos soltamos, que crear es divertido y necesario para ser conscientes de lo que sabemos, y que siempre hay que proponerse nuevos retos.
En las sucesivas noches cenaremos todos los miembros del viaje en comunidad. Han quedado atrás los grupos de referencia, y hoy en la cocina de El Cedro humean varias cazuelas. Esta noche un potaje canario nos hace la boca agua, y nos recuerda que estamos también en casa, que aquí también se cocina mientras se canta y se juega a ver quién hace el mojo más picón.
Juan Serantes, fundador del proyecto Ru7a se ha unido a nosotros en La Gomera. Esta noche él puso las últimas reflexiones encima de la mesa. En su charla nos ha lanzado un balón llamado “actitud”, y nos ha instado a cultivarnos como seres humanos, a autorizarnos para vivir el rumbo que queremos elegir y a ser responsables de nuestros procesos de cambio.
Verde Intenso
