Las emociones están a flor de piel. Que el viaje está llegando a su fin es un hecho pero a mí me gusta más pensar que el día 35 será solo una puerta entreabierta hacia una nueva etapa. Distinta para cada rutero pero, de lo que no hay duda, es que todos hemos crecido, madurado y planteado nuevos retos en poco más de un mes. Estamos en La Gomera y los ruteros no son ya esos desconocidos que se tenían que esforzar mucho para encajar en ese puzle llamado comunidad, sino que, por el contrario son una familia unida.
Comenzamos el día con los talleres autogestionados. En primer lugar, realizamos batucada, taller en el que con utensilios de cocina creamos nuestros propios ritmos acompañándolos de movimiento. Y a continuación, nos convertimos en artistas y dibujamos a un modelo, taller en el que aprendemos algunas claves del retrato. Sin duda ambos fomentan nuestra curiosidad y creatividad.
A continuación, los ruteros nos dividimos en dos grupos. Unos, nos vamos a visitar una residencia de ancianos en la que charlamos y cantamos con nuestros mayores, lo que sin duda nos genera un gran sentimiento de felicidad y nos hace acercarnos de un modo distinto a la cultura gomera. Otros ruteros acuden a un colegio en el que realizan dinámicas con niños de entre uno y nueve años, lo que supone también una gran conexión que les genera mucho cariño y ternura hacia estos.
De vuelta en el campamento del Cedro en La Gomera, cocinamos para los 60, ruteros y técnicos disfrutamos de una gran comida conjunta y de un maravilloso postre de tarta de queso. No hay duda: somos una gran familia unida.
Por la tarde, una rutera del 2015 junto con algunos amigos suyos nos visita y nos enseñan la historia del silbo gomero -Patrimonio de la Humanidad desde 2009- que actualmente se imparte de manera obligatoria en las escuelas de La Gomera. Para explicar en qué consiste esta tradición podríamos decir que es como imitar la palabra hablada a través del silbido. Asimismo, a través de instrumentos musicales como las chácaras o el tambor Gomero nos acercamos a su cultura.
Finalizamos el día con una gran e inspiradora charla de Juan Serantes en la que nos explica su proyecto en Nicaragua, Cacalas, que consiste en un hostal colaborativo. Se puede ir como voluntario, participando y colaborando en el proyecto, o como huésped, viviendo unas vacaciones activas, tienes la gran oportunidad de poder conectar con otras grandes personas que allí se instalan, de participar en talleres o actividades que allí se promulgan, de ayudar, etc.
Sin duda, Ruta Siete está suponiendo un viaje transformador en el que el cambio de pequeñas cosas en cada rutero supondrá un gran cambio cuando ese día 35 llegue.
Finales que saben a principios
