Con las sábanas todavía pegadas al cuerpo y las espaldas recién acostumbradas a dormir de nuevo en un colchón, los 45 ruteros le dimos los buenos días al sol con una serie de ejercicios de estiramientos.
Era el momento de realizar el reto BBVA de la isla del Hierro y en esta ocasión nos embarcamos en una aventura por el municipio de Valverde para realizar un maratón fotográfico. Tuvimos la oportunidad de charlar con los locales y de perdernos por sus calles con un único objetivo: fotografiar el alma de este lugar. Además pudimos conocer un poco más a Guille Quirós, rutero del año 2011 y nuestro compañero de viaje en las siguientes dos islas.
De vuelta en el alojamiento pudimos beneficiarnos de una charla con Javi y Elena de coordinación técnica, donde recibimos algunos consejos útiles a la hora de hablar en público. Una buena comida caliente fue el remedio perfecto para combatir el frío que parecía haberse hecho dueño de la isla. Con el estómago lleno y las pilas cargadas los ruteros nos dividimos según nuestros talleres creativos para dar rienda suelta a nuestra imaginación y trabajar en nuevos proyectos.
Un sendero por la Hoya del Morcillo resultó ser nuestro plan para la tarde. Tuvimos la suerte de contar con la compañía de In Corpore Sano, una asociación que hace posible que personas con movilidad reducida, como Juan Vidal y Sergio Morales, puedan disfrutar de la naturaleza. Esto los consiguen gracias a la Joëlette, una silla adaptada para realizar este tipo de actividad, y sobre todo al entusiasmo que voluntarios como Pili Febles o Jesús Pérez ponen en todo lo que hacen. Casi sin darnos cuenta llegamos hasta el Pinar entre risas y conversaciones. Nos despedimos de nuestros nuevos amigos tras haber conocido mejor y habernos puesto en el lugar de todos aquellos que colaboran con el proyecto.
Un atardecer en la playa de Tacorón y un baño en el Mar de las Calmas fue la manera perfecta de relajarnos y prepararnos para dar por finalizado el día. Sin embargo ya de vuelta al alojamiento, cuando parecía que la cama era nuestro siguiente destino, la guagua se detuvo a un lado de la carretera. Un cielo plagado de estrellas nos esperaba para darnos la bienvenida. Tumbados y mirando al firmamento nos dejamos llevar por cada acorde de la guitarra de Jesús Garriga y poco a poco fuimos quedando atrapados en la red de sus melodías. Y ni si quiera las pardelas con su extraño cantar pudieron romper la magia de nuestros corazones latiendo al ritmo de la música.
La melodía de las estrellas
