Algo nace en el instante en que dos personas se miran, se sonríen y se sienten como en casa. Es curiosa esa reacción… Saberte seguro en otros ojos, encontrar tu hogar en un abrazo, confiar tu silencio a otra persona, respirar y tener la certeza de que nada más te hace falta. Los días siguen cayendo como hojas en octubre, y tú, cada vez más cerca, me salvas de cualquier miedo.
Agosto aprieta con fuerza, mi tierra está lejos, pero siempre que notas mi cansancio, vienes con las manos cargadas de primavera… Y entonces vuelven a brotar las flores sobre mis dudas, vuelve el verde con el que miras a pintar las calles de esperanza, vuelve tu regazo a arroparme en plena noche. Y es que hay personas, creedme, que se convierten en hogares.
Ahora mismo duermes sobre mi hombro, inocente, sin saber que me traes la calma y la magia. Duerme tranquila, duerme. Me coges la mano y siento que no todo está perdido, que vendrán nuevas gaviotas anunciando el mar, que vendrá otro amanecer a bañarnos de rocío, que vendrán nuevos motivos para caminar, que vendrás.
Te desvelas, me miras y te encuentro, sonreímos y vuelves a abrazarme. Algo nace… Estoy en mi hogar.
Cuando alguien se convierte en tu hogar
