Dos enamorados miran acurrucados el vaivén de las olas. Una muchacha entra temerosa al mar bajo la mirada atenta de tres excursionistas en lo alto de una montaña. El viento que pone banda sonora a esta película azota con fuera la camiseta de un pescador que, con su fiel caña, jamás pierde la esperanza de que algo bueno llegue detrás.
A lo lejos alguien ríe sin saber que en algún lugar hay quien desearía tener esa risa cada mañana como despertador.
Entonces lo intuyo, me lo dice una mariposa que sobrevuela mi cabeza en este instante: perdemos demasiadas pocas cosas para lo mucho que queremos encontrar, pues no se puede desear mirar a la suerte a sus ojos cuando aún el miedo es nuestro capitán.
Momentos
