Nos despiertan las ganas de descubrir algo nuevo. Rumbo a Órzola nos sentíamos como Amstrong antes de poner su primer pie en la Luna. Nosotros no llevamos traje de astronauta, pero sí una mochila cargada de emoción al saber que la octava isla nos aguarda. Amanece y hoy, parece que tanto el sol como el mar nos van a dar tregua. La adrenalina del barco nos teletransporta a un parque de atracciones entre olas y risas.
La Graciosa es un lugar mágico, antes de salir del puerto ya estábamos maravillados con los majestuosos acantilados que la custodian desde Famara. Colaboramos con el proyecto Agüita con el Plástico de Lanzarote Reserva de la Biosfera, para hacer una recogida de residuos en la isla. Marila y Juan Carlos, recorrieron con los ruteros las calles de Caleta de Sebo, recogiendo un total de veinticinco bolsas de desechos en los diferentes solares y espacios sin edificar del caserío y explicándonos cómo recogen muestras de arena para medir la cantidad de micro y macroplásticos.
Las aguas turquesas de Montaña Amarilla, fueron nuestras vistas en la hora del almuerzo, un tiempo de rutero que disfrutamos como niños. Alrededor de las 16:30 navegábamos de vuelta a Lanzarote y aún nos duraba el subidón en la guagua, al ritmo de Camarero y un largo repertorio de canciones de nuestra infancia. El taller de literatura nos tenía preparada una divertida gala para dar el veredicto de Reto Blue BBVA Literario. La suerte de cumplir sueños fue el microrrelato ganador. Y para terminar el día, ¡concurso de pasta por nuestros chefs ruteros!. Hoy no hemos estado en la luna, pero sí que nos vamos a la cama sintiéndonos como verdaderos astronautas del Archipiélago Chinijo.
La Octava
