Gran Canaria; voces

De repente reunidos en nuestro taller fuimos conscientes de donde estábamos, ¡nos movíamos!, vía armas, dejando atrás aquel sábado al borde de Las Canteras donde nos descubrimos entre bostezos y sonrisas a expensas de resolver cada una de nuestras inquietudes, a expensas de saber que albergaba cada nombre curioso, esa simple incertidumbre, aquella que acompaña a cada comienzo.
Lejano resultaba ya el sabor del mar de dudas en el que nos encontrábamos sumergidos en la guagua rumbo a casa, aparentemente un pabellón vacío en Agüimes, donde observábamos incrédulos como  el reloj devoraba cada minuto sin dejar oportunidad a movernos siquiera, aunque aprendimos, aprendimos a fluir en su swing, ya no presentábamos reticencia alguna a cualquier actividad, nos indignábamos ante la impunidad de la suciedad de las playas en las que colaborábamos, nos convertimos en expertos versadores y murgueros  e incluso recibíamos con gracia las puestas en marcha mañaneras.
Ahora lo dejábamos atrás, una isla, Gran Canaria, orgullosos, acompañados de nuestras voces, estas que nos unen sin sentido durante unos instantes, entendiendo, o habiendo empezado a entender, lo transformador de todo esto.

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