Insaciables conversaciones que no acaban

Terminó con tanta incertidumbre como empezó. Todos dudábamos de qué comenzaba, qué se nos vendría encima, tal y como nos sentíamos aquel primer día. Curioso es que hubo las mismas lágrimas en el puerto de llegada como en el puerto de salida, y eso que habían pasado 35 días entre ambas fechas.
Queríamos viajar y conocernos, y eso hicimos. Nos conocimos viajando; viajando por las historias de los desconocidos que querían conocerte, descubriendo el trasfondo de aquellas 44 constelaciones que te iluminaban el cielo que, al principio, era oscuro. Al final nos habíamos desnudado unos a los otros (a plena luz). Queríamos toda la intimidad de nuestros amigos, porque en eso nos convertimos. No se puede saber el tiempo en que navegamos por el otro, porque fue tan efímero el silencio que separaba nuestro desconcierto inicial que no sabemos cuándo empezar a contar. Éramos todos mapas por descubrir (pero mapas de los que esconden los tesoros mayores, no diremos cuantía. ¡Historias impagables!) en botellas con abre fácil.
Libros, con algunas portadas más austeras que otras, con un contenido espectacular en todas sus facetas y formas de expresión. Ahora sabemos más drama, lírica y prosa de la que el colegio te puede enseñar. Hemos escrutado cada verso, narración y diálogo de los escritos en la trayectoria vivida por nuestros amigos. Cada día la maleta estaba más llena de anécdotas e historias, más, sorprendentemente, cada día había más hueco en esta mochila de la vida. A cada instante queríamos meter otra. Y luego otra.

Esta es la incertidumbre de haber llegado como habíamos empezado; en nuestras maletas aún hay espacio para saber de ustedes, de todos. Queremos sus tesoros, queremos llevarlos con nosotros. Conversen insaciablemente por favor. Sigan hablando, porque sabíamos que íbamos a estar 35 días juntos, sin embargo, los incontables días que nos vienen por delante no los aseguramos y queremos seguir quitándonos la ropa para bañarnos, sin tapujo alguno, de las cosas de las que, de ustedes, nos hemos enamorado.

Deja un comentario