El tesoro de la felicidad

Hace hoy justo 35 días, 45 personas iniciaban un viaje; ellos no lo sabían bien en ese entonces, pero yo les acompañaría en su larga travesía. Algunos me intentarían llevar simbólicamente en sus relojes, otros caminarían conmigo de la mano, y a otros tantos les costaría seguir mi ritmo; yo era el director de la orquesta, y poco a poco, según me iban conociendo, comenzaron a dejarse llevar por mí, disfrutando así de cada lugar.
Hoy, 35 días después, me he convertido en su guía, les he mostrado playas escondidas, bosques de laurisilva, senderos sin barreras, volcanes dormidos, cascadas perdidas,… y un sinfín de rincones que yo, lentamente, he ido construyendo.
Hoy me despido de este viaje, y a medida que La Gomera va dejándonos atrás, voy recordando sus momentos; en mi memoria siempre quedarán grabadas las sonrisas de aquellos ruteros, que sin saberlo consiguieron paralizarme de emoción; en cada risa tras el Talent Show, en cada abrazo mañanero, en cada anciano con el que charlaron en la residencia de Alajeró, en aquella señora que nos regaló ciruelas en Valle Gran Rey tras vernos recorrer el pueblo, en la ayuda prestada al Parque de Garajonay al recolectar la oreja de gato, en las tradiciones gomeras recordadas a través del silbo, en los juegos con los niños en la ludoteca, en sus palabras compartidas en el micro abierto, en sus lágrimas de despedida justo antes de partir,… ellos han conseguido eternizar el instante.
Y al fin les despido en este viaje, ha sido un placer compartir mis horas con todos ellos; los 45 ruteros, ya saben mi secreto, yo, el tiempo, soy un tesoro de felicidad, y hago rico a quien descubre mi valor.

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