Hay que tener la mente fría cuando el corazón está caliente. Cuando la sangre bulle a borbotones en respuesta a una emoción intensa y pura, cuando el aroma del éxito nos sumerge en un lento sopor que adormece, cuando en nuestro interior explota la bomba de relojería que tan solo necesita aproximarse a una pequeña llamita para hacer que nos prendamos por dentro. En estos momentos es necesario dar un paso atrás, asistir como espectadores a ese momento de nuestra vida en vez de estar en medio del torbellino desordenado de pensamientos; en vez de estar al pie del cañón hay que colocarse en la retaguardia, desde la que podemos establecer el plan de ataque y dar órdenes lógicas y coherentes.
Un paso atrás para poder avanzar dos
