Era imposible pensar que tras cinco días en esta isla la experiencia hubiera sido tan bonita. Bonita es la complicidad que surge entre nosotros tras treinta días cargados en nuestras espaldas. Bonitas son las emociones que surgen a través de nuestras miradas. Bonitos son los gestos cómplices entre los ruteros como las risas que retumban cada mañana en los buenos días. Bonitos son los sentimientos demostrados en cada abrazo espontáneo compartido. Bonitas son las amistades que comienzan a crecer tras tantos momentos juntos. Bonitas son las actitudes positivas que se mantienen a pesar del cansancio.
Bonito es San Andrés y Sauces, dos pueblos en el que caminando, por sus calles de callaos, se pueden leer historias y leyendas en sus edificios. Bonita es su costa formada por rocas o arena dónde las olas, de un agua cristalina y pura, rompen formando unos paisajes inmejorables. Bonito es su fondo marino, lleno de colores, vistos desde los altos miradores escondidos por los lugares más recónditos de la isla. Bonitos son los misterios que esconde la Laurisilva como cascadas de agua que fluyen desde lo alto de la montaña, y que solo pueden descubrirse a través de senderos y caminos. Bonito es el contraste que observamos al pasar por sus carreteras y ver las palmeras en la costa y la Laurisilva en la montaña.
Bonitos son los colores que surgen en sus amaneceres sentados en el cielo del horizonte y que poco a poco llenan de luz estos lugares. Bonito es su cielo virgen que nos cautiva metiéndonos en la magia de las estrellas y sus constelaciones. Bonita es la pasión de las personas que aquí viven, al contarnos en palabras cantadas sus costumbres y tradiciones. Bonito es haber podido comprobar con La Casa de Juventud tantos momentos y demostrarnos su interés por formar parte de esta aventura.
Bonita es y será esta experiencia que forma parte de Ruta Siete. Bonita es la isla de La Palma.
La Palma, la Isla Bonita
