¿Alguna vez te has parado a contar todas las cosas materiales que tienes? ¿Cuántas de ellas necesitas en realidad?
Vivimos en un mundo donde se considera mejor al individuo que tiene el poder de hacerse con todo aquello que su mente codiciosa desea. Pero ¿son felices? Y ¿en qué consiste la felicidad? Un coche de alta gama, una casa con piscina, ropa de marca… Algunos ejemplos de una larga lista que encasilla nuestra sociedad y marca una gran diferencia. ¿Rico igual dichoso? ¿Pobre igual desafortunado?, una conexión muy malamente unida e incorrecta y que muchos aceptan como única y verdadera realidad. Pero el mundo no funciona de esa manera y la única forma de verlo es en persona, sentirlo en la piel.
Contempla tus cosas y decide cuáles son de verdad, las que necesitas y cuáles no. Los elegidos deben caber en una mochila. Si, ni más ni menos. El resto proviene de ese mundo consumista que nos contamina y del que debemos limpiarnos. Una vez limpios es hora de dar el siguiente paso y ver más allá. Ver a las personas y lo que hay detrás, una historia, una vida, miles de experiencias. Experiencias que dejan de ser simples historias y pasan a ser parte de uno mismo, ahí es donde se alcanza la felicidad.
Todos vivimos en nuestra realidad pero si queremos ver más allá hay que deshacerse de ella.
Expandiendo realidades
