Martes 13: Mala suerte, buena suerte, ¿quién sabe?

Hoy me apetecía compartir con todos los sentimientos que en mí han florecido. En Tenerife hemos tenido días muy intensos con muchas charlas que albergaban a personas muy interesantes, y hoy ha sido el día más emotivo y significativo.
Benito Cabrera, el timplista canario que todos deberíamos conocer, nos visitó acompañado por el guitarrista Tomás Fariña. A pesar del cansancio acumulado, todos mostraban un gran interés por sus sabias palabras, sobre todo los ruteros que están más apegados al mundo musical. Llegando al final de la charla, nuestra compañera Gara tuvo la gran suerte de cantar una folia junto a ellos. Desde ese momento una adrenalina comenzó a recorrer nuestro cuerpo, abriendo paso a unos estruendosos aplausos que colmaron la sala.
Me dejé llevar por la emoción y no pude contenerme; levante tímidamente la mano y dije: “Porfa, ¿pueden tocar para nosotros Nube de hielo?”. En ese momento, mis compañeros hicieron gestos de agradecimiento y todos se colocaron en una posición cómoda y expectante para la siguiente canción. Cuando empezaron a sonar las primeras notas se me puso la piel de gallina enseguida y comencé a sentir unas ganas inmensas de soltar toda mi emoción. Intenté contenerme pero las lágrimas ya estaban corriendo por mis mejillas. Solo venían a mi mente imágenes de mi tierra, sus gentes, su cultura y de lo que por ahora había tenido la suerte de ver. Me sentía tan afortunada por ser canaria; la música intensificaba todas esas emociones. Pensé que era la única, pero al terminar vi a todos mis compañeros emocionados. Me marcó mucho, sobre todo al ver a los que no son de aquí con ese sentimiento, Canarias ya forma una parte de ellos.
Nuestras emociones seguían a flor de piel, pero se volvieron a intensificar cuando le concedieron el Maillot  Solidario a Benito, nuestro “Papi Beni”. Su alegría y agradecimiento estalló con lágrimas y un abrazo colectivo.
Hoy ha sido un día muy intenso en el que todos hemos estado a un mismo nivel de energía. Siento como si a todos nos hubieran abierto el corazón y hayamos estallado en lágrimas de felicidad. Saco como conclusión que el que no arriesga no gana, y quizás si no hubiera intentado que Benito Cabrera nos tocara esa canción, no hubiéramos compartido unos momentos tan íntimos juntos.

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