El día 27 de julio arrancó el proyecto que lleva por nombre Rutasiete ULPGC. El sonido de los motores de la global dio comienzo a una de las experiencias que sin duda marcaría una de las mejores etapas de nuestra vida. Aridane Rodríguez es uno de los conductores oficiales de la expedición que, voluntariamente, decidió cargarse la mochila y adentrarse en este viaje con nosotros. Él se ha ido haciendo un hueco entre los participantes hasta ganarse el título de rutero 46.
Aridane es un joven de 30 años, residente en Las Palmas de Gran Canaria, que lleva desde los 21 años dedicándose a esta profesión, de los cuales más de un año y medio dentro de la compañía de transportes GLOBAL.
A medida que pasan los días, la relación con él se va haciendo más estrecha y nos cuenta sus opiniones más sinceras sobre el proyecto.
– ¿Cuál fue el motivo que te impulsó a participar en ruta 7?
– Desde el primer momento el proyecto en sí me llamó la atención. Sentí curiosidad por descubrir todo lo que me habían contado mis compañeros y poder vivir en primera persona esta experiencia.
– ¿Existe un proceso de selección para participar como chófer?
– Sí, la empresa pone toda la información referente en los paneles. En principio podemos acceder todos los trabajadores, es decir, no hay requisitos especiales. Una vez seleccionados, la coordinación técnica del proyecto lleva a cabo una entrevista personal para tomar la decisión.
En mi caso particular, Javi Fernández fue el encargado de realizar la entrevista aunque terminó siendo algo parecido a una charla entre amigos.
– ¿Cómo te sentiste y qué pensaste la primera vez que te encontraste con los 45 ruteros restantes?
– Me sentí viejo, me sentí mayor… Pensé que no iba a encajar entre tanta gente joven, pero luego me di cuenta de que esta experiencia no tiene nada que ver con la edad sino que estaba rodeado de un grupo de gente valiente y con muchos valores.
– ¿Qué está siendo para ti lo más difícil de esta aventura?
– ¿Difícil? Sinceramente lo más difícil fue dormir el primer día en esterilla, pensando que al día siguiente me quedaban muchas horas al volante. Aunque tengo que reconocer que al final esto no supuso ningún problema porque el grupo de ruteros me cedió un colchón para el resto de los días.
– Ahora que conoces el proyecto desde dentro, ¿volverías a participar?
– Mmmmm (risas)… ¡Sin duda! El año que viene voy a intentar ser el primero en apuntarme cuando salgan las listas.
– ¿Serías capaz de describirnos en tres palabras esta experiencia?
– ¿Sólo tres? (risas) Ilusión, compromiso, compañerismo, solidaridad… En realidad podría decir muchos adjetivos.
– ¿Podrías contarnos alguna anécdota o situación que te haya ocurrido en estos días de expedición?
– Cada momento es diferente y único, que me alaben cuando paso una curva o hago movimientos difíciles con la guagua es para mí todo un orgullo. Normalmente hago las mismas maniobras y la gente se queda tranquila, cada uno a lo suyo. Que los ruteros reconozcan mi trabajo me alaga muchísimo.
– ¿Cuál ha sido el momento más emotivo para ti en lo que llevamos de viaje?
Eso me lo tendrías que preguntar el último día, aunque si tuviera que destacar algo me quedaría con el momento en el que cantaron un polca improvisada dedicada para mí.
– Y para terminar, ¿te gustaría añadir algo más que consideres importante?
– Sí, me gustaría decir una cosa para que se la trasladéis a todos, que sepan que yo quiero sentirme uno más, que no tengan vergüenza ni miedo, soy un amigo. Por otro lado, que disfruten de la experiencia y vivan el momento, “Carpe Diem” y no olviden que esto es una experiencia única.
