Lanzarote

Lanzarote, es la isla más antigua de Canarias después de Fuerteventura. Se remonta a 15,5 millones de años, tiene una superficie de 846 kilómetros cuadrados y su capital es Arrecife. Nuestra llegada a esta isla fue directa a la Playa de Papagayo. El día estaba radiante, lucía el sol y mientras disfrutamos de su grandeza limpiamos cada pedacito de tierra que pisaban nuestros pies.

Con el sonido del mar de fondo y unas ganas inmensas de sentir su agua en nuestra piel realizamos el reto de BBVA demostrando a todos, y a nosotros mismos, la capacidad de trabajo en equipo que hemos adquirido. Sacamos todo nuestro potencial, nuestra creatividad y con elementos naturales del entorno realizamos unos murales en la arena.
Por la noche, cansados del viaje nos fuimos a nuestro nuevo hogar “El terreno de lucha de Tinajo”. Grata sorpresa al descubrir que durante cinco noches íbamos a dar de lado a nuestra querida esterilla y dormiríamos en camas.
Al día siguiente, pudimos disfrutar del amanecer de camino a La Graciosa, donde nos recibieron en su paradisiaca isla y nos mostraron sus encantos. Divididos por grupos fuimos peinando cada grano de arena y terminamos orgullosos la labor que nos habían encomendado ese día. Sorprendidos por la inmensa nobleza de sus habitantes, nos agasajaron con una paella que saboreamos agradecidos por el detalle.
Cada vez siendo más consiente de nuestra labor y aprendizaje por las islas comenzamos un nuevo día conociendo el sendero de Punta Mujeres a Orzola. Poder sentir de cerca como los lanzaroteños se han adaptado al duro paisaje que les ha tocado, fue admirable.
Con la visita del fotógrafo Rubén Acosta comprendimos que a través de una foto se puede mostrar una realidad que solo con la observación y liberando la mente se puede llegar a entender.
Continuamos el día en la paradisiaca playa de Famara, un lugar que al verlo desde la guagua hizo que nos quedáramos con la boca abierta ante tanta belleza. Nos entristeció ver la cantidad de cuerdas, plásticos y colillas que fuimos recogiendo, pero nos fuimos contentos porque sembramos concienciación en cada persona que nos vio ese día en Famara. Además, compartimos con los niños del lugar un rato agradable de juegos, charlas y risas.
Más tarde nos adentramos en el Parque Nacional de Timanfaya e hicimos las visitas guiadas a los Jameos del Agua y a la Cueva de los Verdes. En las profundidades, sentimos la energía de la lava y nos estremeció cada lugar que lo formaba.
Nuestro último día en Lanzarote fue muy divertido ya que gracias al Club Náutico pudimos practicar varios deportes acuáticos: vela latina, vela ligera, windsurfing y kayak. Sentir el mar, su olor, y aprender nuevos deportes, conocidos por unos y desconocidos por otros, nos llevó a tener una mañana de diversión y anécdotas simpáticas.
Para concluir el día visitamos las Montañas del Fuego y el Centro de Visitantes e Interpretación de Mancha Blanca. Los días son cada vez más cortos, las horas pasan rápido. Cada día seguimos llenándonos de aprendizaje y sabiduría gracias a las reflexiones que hacemos. Nos despedimos de Lanzarote, tierra de ensueño donde nuestros corazones yacen fundidos en la lava que todavía sigue ardiendo en este lugar.

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