Ruta Siete ULPGC comenzó el pasado día 30 de julio, entonces, aunque nos habíamos comenzado a conocer durante las fases de selección, éramos cuarenta y cinco desconocidos. Hoy, apenas unos días después, me atrevo a decir sin demasiado miedo a equivocarme, que somos una comunidad nómada, una pequeña gran familia.
Pocos días han transcurrido, pero no eran necesarios más. Apenas veinticuatro horas fueron suficientes para ver como cuarenta y cinco individuos comenzaban a trabajar como uno, por un fin común. Pronto afloró algo más que el “habitual” buen rollo o el conocerse poco a poco, aparecieron muestras que nos diferenciaban del resto. Esas muestras obviamente son algo más que las camisetas oficiales que vería cualquier extraño a la expedición a simple vista; en este caso hablo de cánticos propios, formas de actuar o pautas que surgen y pronto se asumen como nuestras, como una seña de identidad.
Una comunidad trabaja por el bien común, y eso es Ruta Siete ULPGC. Cuando alguien tiene un problema o un imprevisto, ahí está otro explorador (cuando no más) para intentar solventarlo de la mejor manera posible. No importa que se trate de unas gafas rotas, de alguien con algún problema físico a lo largo de una caminata, o la resolución de cualquier imprevisto que puede surgir en nuestro día a día.
Antes de comenzar apenas podía explicar donde iba a pasar el mes de agosto, me costaba definirlo, me atrevía a afirmar simplemente que era mi sueño, aún sin conocerlo al 100%; hoy puedo decir gracias a todas las personas que forman la expedición, tanto exploradores, como equipo técnico y pasando por todo el que colabora con nosotros en los diferentes municipios de las islas, que mi intuición no me falló, es mi sueño y se está haciendo realidad gracias a todos.
Ruta Siete ULPGC apenas ha comenzado, apenas hemos recorrido una de las islas del archipiélago, sin embargo ya trabajamos como si esta máquina tuviera años de rodaje, y lo bueno es que sólo puede ir, e irá, a más.
Una comunidad nómada, Ruta Siete ULPGC,
