Fuerteventura

La isla de Fuerteventura tiene una superficie de 1.660 km2, siendo la segunda mayor del archipiélago, su capital es Puerto del Rosario y supera los cien mil habitantes. Dentro del archipiélago es la isla más cercana al continente africano, siendo la distancia entre ambos inferior a los 100 km. Al tratarse de la isla más antigua de las que forman Canarias, es también la menos montañosa y su punto más alto apenas supera los 800 metros.

El mecer del océano Atlántico, estando a bordo del Armas, fue principio y fin, un nexo entre Gran Canaria y nuestra segunda parada. Lo primero que hicimos en Fuerteventura fue poner en práctica una nueva actividad propuesta por una de nuestras exploradoras, Natalia, en este caso taichí, que nos sirvió para conectar con nuestra energía interior mientras disfrutábamos del amanecer. Encontrarse consigo mismo apreciando un acto tan habitual como un amanecer pero tan poco observado, fue una gran forma de empezar nuestro paso por la isla.

Tras instalarnos en el pabellón de Corralejo, la que sería nuestra casa durante toda la estancia en la isla, pusimos rumbo a la isla de Lobos. Visitar la primera de las mal denominadas islas menores, suponía un cambio. En Lobos nos sentimos libres, en un territorio casi virgen donde gozamos de paisajes que quedarán grabados en nuestras memorias para siempre.

Una vez centrados en la isla de Fuerteventura propiamente, pudimos contemplar sus dos caras: la interior y la costera. El paralelismo entre esas dos vertientes y lo que supuso para nosotros fue total. Mientras cuando conocimos el interior de la isla hicimos lo propio con otros explotadores (y, porque no, con nosotros mismo), cuando disfrutamos de su cara más conocida y ociosa como es la costa, nuestro día fue más relajado.

Tuvimos la oportunidad de disfrutar de una charla con Álvaro sobre la situación, bastante desconocida, de Birmania, sus labores de cooperación allí y pudimos conocer un punto de vista cercano al respecto. Sus palabras nos llegaron. A muchos nos llegó a encontrar ese botón que activa las ganas de seguir realizando tareas de colaboración. El poder oírle y compartir una cena con él, donde atendíamos embelesados, fue mucho más que una simple charla.

En otra visita al interior, en esta ocasión a la Ruta de los Volcanes, comprobamos lo insignificantes y efímeros que somos frente a estos grandes colosos que son los volcanes. Conocimos la formación de éstos, gozamos de unas vistas inigualables alrededor de los 360º del cráter de uno de ellos, sentimos el viento en nuestras caras sin tener nada alrededor que lo parara; estábamos en la cima de ese pequeño mundo en el que nos encontrábamos.

Fuerteventura ha supuesto dar un paso más hacia la búsqueda del conocimiento de la tradición. Practicar la lucha canaria, conocer bailes típicos, aprender el juego del palo o poder jugar a la bola canaria, todo ello apoyado por charlas explicativas, es un acercamiento a la cultura canaria que no hizo sino enriquecernos.

Nuestras últimas horas en la isla fueron de tiempo libre, y la tónica general fue la de pasar esas horas con los chiquillos que acuden desde bien temprano al pabellón que nos acogió estos días. A los pocos minutos ya no se sabía quien era más niño, afloró en nosotros ese pequeñajo que todos llevamos dentro. Risas, juegos, cuentos, enseñar cosas que para nosotros no son nada y para ellos un mundo… Lo que se llama un gran final para unos muy buenos días en Fuerteventura.

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