En nuestro día 29 de viaje y último en la Isla de La Palma nos levantamos antes que el Sol para ir a ver el amanecer a la playa de Los Cancajos. De nuevo la calima hizo acto de presencia pero no nos impidió disfrutar de nuestro desayuno sobre la arena humedecida por la relentada (rocío). Si algo hemos aprendido en este viaje es que poco importan las condiciones o el lugar, lo que prima es la compañía y la nuestra difícilmente podría ser mejor.
A todos nos costó bastante abandonar la playa, pero nos esperaba la Laguna de Barlovento, un precioso lugar bañado por los tonos verdes de la Laurisilva que hacían un bonito contraste con el azul del mar. Este fue el punto de inicio de nuestro sendero a Los Tilos. Poco a poco fuimos adentrándonos en el bosque. Los rayos de Sol se colaban entre las ramas de los frondosos árboles y la densa vegetación nos hacía sentirnos engullidos por la naturaleza.
A mitad de camino hicimos una breve parada en el Mirador de las Barandas. La sensación que tuvimos al llegar a este punto fue muy similar a la que produce una gran bocanada de aire tras bucear durante unos largos segundos bajo el agua. La estampa era tal que no pudimos evitar sacar nuestras cámaras de fotos: el enorme barranco totalmente cubierto por árboles que se antojaban impenetrables era una muestra de porqué La Palma es conocida como la “isla bonita”.
Continuamos hasta el final del sendero llegando a Los Tilos; un paraíso de vida refrescante donde la cascada, las rocas y los árboles conforman una orquesta perfecta cuya melodía alimenta el alma. Sentados a la sombra escuchando el murmullo del agua, el canto de los pájaros y el silbo del viento nos costaba recordar que hace apenas unas semanas pisábamos las áridas dunas de Corralejo (Fuerteventura) o el malpaís de Timanfaya (Lanzarote). Nada mejor que vivirlo para comprender que las Islas Canarias son un continente en miniatura.
Muy a nuestro pesar tuvimos que volver a la querida casa móvil ru7era (guagua global) para visitar el Cecopin (Centro de Coordinación Operativa Insular) del Cabildo de La Palma. Allí nos explicaron su labor en la ayuda ante diferentes tipos de emergencias, especialmente incendios. Qué reconfortante es saber que hay personas preocupadas por cuidar y proteger aquello de donde venimos: la naturaleza.
Volvimos a casa con la sensación de haber tenido un día completo, desconocedores de que la actividad de co-escucha (escucha compartida) que haríamos antes de irnos a la cama sería el cierre perfecto de esta jornada y la despedida ideal de la Isla de La Palma. Hay muchas cosas que no se pueden entender si no se viven en primera persona, Ruta Siete es un claro ejemplo de ello. Lo cierto es que los ru7eros no nos habíamos sentido tan unidos como la pasada noche, los pequeños pasos que hemos dado en la convivencia diaria nos han llevado a convertirnos en una comunidad que definitivamente, canta al unísono.
Al unísono
