Aprendizajes escondidos

Un día decidí irme. Compré el billete más barato y partí. No muy lejos, no hizo falta. Al aterrizar mis pulmones se llenaron de fuego, mi nariz de aromas extraños y mi vista de colores desconocidos.

Mi piel tornó oscura
mi alma se agrandó como el sol
mis ojos vieron la vida
y mi sonrisa cambió de color

Así fue, este viaje me cambió
vagué por los campos
le canté al viento y lloré.
Lloré por los que se fueron,
por los que nunca se irán y por los que pronto volverán.

Lloré por tanto que al final sentí mil abrazos sobre mí. Sin entenderlo, pues no seguía patrones, no había explicación, solo tenía que caer por la cueva para poder ver el sol.

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