Cada vez nos cuesta más levantarnos en Ru7a Siete. Aunque ayer nos fuimos a dormir relativamente temprano, ya apuramos hasta el último minuto antes de la actividad mañanera, capoeira en este caso, mientras dormimos todos juntos entre el suelo y las literas de nuestras casitas amarillas en este paisaje de encanto. Y la coordinación confía más en nosotros.
Orgullosos nos sentíamos hasta que la guagua paró y tuvimos que caminar helados entre el alisio y una laurisilva en crecimiento, con las muestras del fuego del 2012 rodeándolo todo, para realizar la colaboración de este día: el regado del nuevo bosque. Tras una corta y apasionada explicación, la coordinación nos contó cómo fue vivir aquello, cómo llegaron a un bosque negro y el humo entró por las ventanas de la guagua, cuando el silencio la envolvió y se pudo sentir el gritar de los árboles agonizantes.
Del frío alisio en el Parque Nacional de Garajonay pasamos a un calor sofocante en la Playa de cantos negros de Santiago, dónde almorzamos y pudimos darnos un chapuzón. Luego realizamos una pequeña caminata en el corazón de El Cedro con una galería de agua incluida donde solo mojarnos la “suela del zapato” acabó convirtiéndose en agua y barro hasta la rodilla para algunos. Aún así, fue un poco liberador, ya que volvimos a jugar como niños, sólo necesitábamos un charco y un amigo junto a nosotros.
El resto del día fue algo diferente, tuvimos tiempo para descansar, porque el cansancio se va acumulando y necesitamos llegar con mucha energía a los dos últimos días que nos quedan; para reflexionar sobre lo que hemos vivido y aprendido en este viaje y, por supuesto, para realizar todo lo que nos hayamos propuesto antes de que esto acabe.
La cena fue espectacular. El grupo de cocina nos deleitó con unas exquisitas hamburguesas, incluso algunas veganas, y de postre, arroz con leche o tortitas de plátano. Comimos como reyes. Esto cada vez se parece más a una gran reunión familiar. Con la barriguita llena hablamos sobre algunas opciones para nuestro futuro, fuera y dentro de Canarias, y terminamos la noche con una ghymkana. Pero no una cualquiera, sino una tenebrosa ghymkana de terror organizada por varios compañeros. El Cedro, además, invitaba a ello puesto que todo estaba envuelto en el alisio, costaba ver cinco pasos más allá y el silencio era total, hasta que los ruteros comenzaron a gritar aterrados. La verdad es que fue una actividad muy divertida y necesaria para soltar estrés y recargar las pilas.
A veces nos cuesta seguir esta rutina que hemos creado, todavía el grupo sigue aprendiendo, pero el simple hecho de seguir sin pausa cada día, de no rendirse, le da mucho valor a estos ruteros intensos que han demostrado que quisieron vivir esta experiencia al máximo y captar, como una esponja, cientos de aprendizajes. Ya el día acabó. Mañana será uno nuevo, poco queda para el final, poco queda para el comienzo de otra historia que contar.
Caminos en la neblina
