Y ya estamos en el camino. Cada mañana me levanto rodeado de sonrisas, miradas de complicidad y ánimo. Son las 06,00 am y no se oye ni una “queja” sobre la hora, el ruido, o el calor del saco. Comentarios y bromas sí que aparecen, pero todos sabemos que esto no lo cambiaríamos por otro plan de Agosto.
Así empieza y empezará cada día de Agosto para mi y 45 personas más, cuyas caras son las que me encuentro tanto por los pasillos como en el colchón, suelo, guagua, y rincones de donde esté.
Durante el día, aunque con bastante que hacer, se piensa mucho. En mi caso, no paro de hacerlo. Miro a los que desde hace pocos días son mis compañeros de viaje y todos nos hemos acogido de tal manera que parece que nos conociéramos de mucho tiempo. Piensas en cómo se preocupan por ti, en su perfil, en lo que te cuentan, en cómo todos son interesantísimos. Conoces cada día una nueva cosa de ellos, e incluso a una nueva persona y vuelve la mente a trabajar. Sus gestos, su mirada, sus palabras son un mundo desconocido para todos pero poco a poco cada uno se va presentando como es o como quiere ser.
Músicos, artistas, literatos, bailarines, altruistas, cantantes, médicos en potencia, diseñadores gráficos, sentimentales,… Y lo más bonito es que muchos de ellos solo han visto la oportunidad de ser así desde que ha empezado esta aventura. Hemos compartido reflexiones de las que todos hemos estado de acuerdo que nunca hubiésemos podido compartir en otra situación, lugar o con otra persona.
El que vive rodeado de números también toca un instrumento; el que no ayuda en casa es cocinero; el deportista es poeta; quien solo hablaba ahora canta y, para sorpresa de todos (y la suya propia), no lo hace nada mal. Ejercicios olvidados que vuelven a relucir, o ganas por tener nuevos conocimientos surgen en todos. Por ejemplo, tocar un instrumento, algo que antes admirábamos, se ha convertido en un objetivo de futuro.
Todo tiene cabida en nosotros y nuestra mente, que poco a poco va dando impulso al poder dar rienda suelta a nuestros sentimientos y “saberes ocultos”.
Este tipo de cosas han despertado en mi GANAS. Ganas de poder hacer más, de aprender más, de mover más, de cambiar las cosas.
Cuando uno está acostumbrado a lo que le rodea piensa que eso es lo mejor, lo cómodo, lo que no es necesario mejorar. Pero un día te das cuenta y descubres que siempre quisiste ser algo que no eres, o resurge un recuerdo que una vez guardaste en algún lugar de tu cabeza y aparece ese empujón que te ayuda a hacerlo. Una experiencia así, como RU7a, es el elemento ideal para estimular esos impulsos y tirar para adelante. Darte cuenta de lo joven que eres, de lo que puedes hacer y mejorar, y que TODO depende de ti.
No cabe en mi mente que cualquiera que pase por esta experiencia vuelva a ser igual consigo mismo. Yo espero poder luchar para sentirme lleno cada día y no solo conforme. Por lo menos, ahora tengo las ganas. Es el momento de aprovecharlas y mantenerlas constantes.
