El volcán de plástico

Quedaban tres minutos para la seis de la mañana cuando abrí mis párpados. Estaba impaciente y no sabía por qué. Pensé en ir corriendo al baño para adelantarme a todos y no tener que esperar. En cambio, me quedé en mi esterilla quieta, cada vez más nerviosa, queriendo que viniera Adri, responsable de día, a despertarme con su dulce voz. El día no empieza si el representante no viene a despertarnos susurrando nuestros nombres o cantando una canción loca a todo volumen.
Todavía algo dormidos, Sara y Tineri nos transmitieron toda su energía y despertaron la nuestra a ritmo intenso de rap. Sorprendentemente nos descubrimos terminando todas las preparaciones del día en mucho menos tiempo de lo normal. Parece que la transformación de Ruta Siete, al menos a nivel logístico, ya va mostrando sus efectos.
Como primera actividad del día, nos trasladamos al espacio natural protegido de Zonzamas para conocer la historia del yacimiento arqueológico allí encontrado. Pero lo más impactante del día de hoy fue una limpieza que realizamos en el vertedero cercano a aquella zona. Nos dedicamos a recoger plásticos que volaban por el aire, rodaban por la ladera de la montaña y acababan enredándose en las aulagas. Otros acaban llegando al mar, los peces lo comen, nosotros a ellos y el plástico termina en nuestro cuerpo para siempre. Fue frustrante. Bolsas, cubiertos, vasos, platos, envoltorios de galletas y de papas, compresas… Por más que recogiéramos sentíamos que no limpiábamos nada.
No parábamos de debatir, ¿qué estamos haciendo? ¿Qué impacto tiene esto? ¿Por qué usamos tanto plástico? ¿Cómo podemos reducirlo? Las bolsas mañana volverán al mismo vertedero. Pero nuestras mentes ya no son las mismas. Lo hemos visto, olido, sentido.  Nosotros mismos somos responsables de la existencia de tanto plástico. El cambio empieza a forjarse en nuestro interior. Vamos aprendiendo. En un par de horas, 45 personas recogimos 160 kilos de plástico que podría ser fácilmente reemplazado por bolsas de tela, compra a granel, cantimploras… Ahora nos toca a nosotros poner nuestro granito de arena para, poco a poco, ir reduciendo el plástico que usamos innecesariamente.
Algo más calmados ya, comimos un bocata delicioso y pusimos rumbo a Famara para disfrutar de un bañito. Volvimos a sentirnos como niños, nadando entre las olas largas, el viento y la energía del mar de Lanzarote que nos envolvió.  Para seguir con el día, visitamos el centro de Interpretación de Timanfaya donde aprendimos sobre el parque nacional, los volcanes y la vida que habita en él.  Seguidamente visitamos la Fundación Cesar Manrique para ver el legado del artista y las conexiones que creaba entre la arquitectura y la potente y frágil lava. Fue precioso ver a algunos de nosotros abrazando algún que otro árbol, sintiendo el roce de la lava en sus dedos, el calor del picón y el corazón de la isla.
El día no terminaba, al llegar a nuestra base, nos desplazamos a la Villa de Teguise para realizar nuestro reto Blue BBVA. Allí decidimos entre todos qué cinco cosas tenía que tener una persona que desprende “buen rollo” y votamos por nuestro rutero “buen rollista” para entregarle el mallot que llevará el resto de la isla. Entre viento, canciones llenas de energía y los abrazos del grupo terminó este día 13 de Ru7a Siete.

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