Comenzaba el día algo más temprano de lo habitual. A las cuatro de la mañana y en pie. Y es que era un día especial, el último día de Expedición, el primero del resto de nuestras vidas, vidas que nunca serán como antes.
La noche se alargó más de lo habitual, el último de los cumpleaños de alguien de la Expedición coincidía con el final de la aventura. Nuestra benjamina, Rebeca, dejaba atrás los dieciocho años.
Tras una última revisión subimos a la Global: poníamos rumbo al puerto. Minutos después de las seis de la mañana el Armas zarpaba hacia Tenerife. Mientras algunos dormían o desayunaban, otros contemplaron el amanecer. Incluso tuvieron tiempo para escribir unas bonitas palabras como las de Kris: “Desde El Hierro a alguna parte, amanece en el barco sobre el calor de 51 soles y notas en clave de corazón. Mientras, susurro al viento que trate de parar el tiempo, que no quiero que termine este momento».
Nuestra primera parada del día fue el puerto de Los Cristianos, allí llegaron las primeras despedidas del día, horas después se repetiría el mismo hecho en el otro puerto de la isla de Tenerife: sonrisas, lágrimas, cánticos, recuerdos, sentimientos a flor de piel…
Partía a las tres de la tarde el barco hacia Gran Canaria aún con la mayoría de la Expedición, pero con la sensación de que todos y cada uno habíamos dejado un pedacito de nosotros en quienes ya no continuaban en el barco, pero que llegarían igualmente a destino dentro de nuestros corazones.
Avistamos la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria a lo lejos, el muelle de Cambuyoneros nos espera y con él familiares, amigos, sponsors… y con ellos nuestros últimos abrazos, miradas, cánticos… Eso si, los últimos como Exploradores, porque aunque Ru7a 2011 finalice aquí, esto no ha hecho más que comenzar.
Final del comienzo
