Durante la caminata en la Ruta de los Volcanes en La Palma estuve con los cinco sentidos muy activos. Observaba los pinos, volcanes, aves; escuchaba la conversación de Juan detrás de mí; notaba cómo las piedras se colaban por mis zapatos y me molestaban; olía a tierra y tenía un gusto en la boca muy acorde al lugar.
De un momento a otro sentí que todos mis sentidos se colapsaron debido a los diferentes estímulos que recibían. Era como probar varias sensaciones a la misma vez. Entonces, al ser consciente de lo que estaba viviendo creé una reflexión acerca de los estímulos.
Pienso que los estímulos pueden ser un aliciente para conseguir lo que nosotros nos propongamos. Si dichos estímulos son los mismos y se reciben en la misma intensidad podemos llegar a aburrirnos y estar menos atentos a las oportunidades que se nos puedan avecinar. Esto puede llevar a que no podamos dar lo mejor de nosotros mismos.
Sin embargo, cuando los estímulos que nos rodean son diferentes, tales como un viaje imprevisto o una nueva amistad, nos sentimos vivos y capaces de hacer miles de cosas. Nos cargamos de energía que plasmamos en creatividad, por ejemplo. Esta fuente de inspiración debido a los nuevos estímulos nos hacen crecer y conocernos por dentro. Creo que los estímulos dan lugar a la creatividad de cada uno y ello hace más fácil adquirir nuevas habilidades o incluso mejorar las que teníamos.
En definitiva, las nuevas experiencias y vivencias que podamos presenciar sacan al artista que llevamos cada uno de nosotros.
Los estímulos
