Nuestros compañeros nos explican con rap, baile y leyendas las cualidades de la nueva isla, Fuerteventura. Así es como comenzamos nuestro día con mucha energía.
La aventura nos despierta con amigos que conocemos en el albergue de Tefía. Se trata de un grupo de personas con discapacidad, con ellos compartimos el día. Al principio se siente inseguridad, miedo e incertidumbre. No queremos equivocarnos y no poder comprender al otro. Aun así, todo esto desaparece con la simpatía del gran equipo de FRATER que nos guía.
Primeramente, nos dividimos por parejas con los que hace unas horas eran completos desconocidos. En algunos casos es difícil la comunicación; paciencia y mucho cariño es el secreto para poder entendernos. Para perder la vergüenza cantamos, bailamos y reímos. El tiempo se pasa volando. Luego, nos preparamos para ir a la playa de Los Pozos, la única playa adaptada en toda la isla, lamentablemente. Un chapuzón nos viene de maravilla. Era un placer poder ayudarles a darse ese primer baño en este azul océano Atlántico mientras utilizábamos sillas adaptadas y flotadores. Antes también les ayudamos a ponerse crema. Compartir esta experiencia es algo único, para muchos la primera, y no la última.
Tras el baño, se nos abre el apetito y procedemos a comer todos juntos en el albergue. Se crea una gran unión a la que es difícil decir adiós. Nos tenemos que despedir y alguna lágrima corre por ahí. Se encienden nuevas estrellas en nuestra vida.
Y así llegamos a nuestra casa, un poquito de descanso y manos a la obra con nuestras tareas y talleres. Al final, nos hace falta un tiempo de reflexión sobre lo que hemos vivido, grandes aprendizajes y emociones. Nos damos cuenta de que la verdadera fuerza está en el corazón.
Luz sobre luz
