Nuevos horizontes

Calma significa observar la espuma impulsando el lado del casco del Armas que nos ha alojado esta mañana de Agosto cuando la noche aun cubría Gran Canaria. Estando en alta mar solo me pido posar la vista en este océano, esperando encontrar las coloridas casas canarias que adornan la arena negra. Quizás la vida sea eso: enamorarse de lugares hasta el punto de seguir viéndolos aún en la distancia.

De algún modo, en los últimos cinco días el tiempo se ha parado (aunque constantemente aprendemos que nunca deja de escurrirse) entre las paredes que nos han cobijado en Arucas. Quizás haya sido la sincronización de nuestros relojes en el puerto de Nelson Mandela, o quizás se deba a que vamos aprendiendo cada vez más a ser “uno” a través de la convivencia que hora a hora construimos. Sea como fuere, lo cierto es que somos, cada vez más, pequeñas estelas azules seguras de lo bueno que anhelan, y nada reconforta como lo hace el sentirse parte de algo tan inmenso.

Mientras recorríamos los senderos que tatúan la isla (tanto de huellas como de palabras) conocimos la historia del municipio, llegando incluso a confundir el tiempo aborigen con la época actual. Comprender los miles de años de secretos de esta tierra implica hacer malabarismos entre nuestros momentos de silencio y el jolgorio propio de nuestra edad. Parece que solo así, sintiéndonos, es posible ser inmensos al contemplar una caldera, al nadar durante el crepúsculo, o mientras teñimos un mural de colores.

Ahora casi nos conocemos todos sin abrir los ojos, escuchando exclusivamente nuestras voces, de manera que es como si siempre hubiésemos habitado unos los hogares de los demás. Sabemos quienes siempre van a querer más bocadillo de garbanzos, y quién se duerme antes por las noches, y eso, los pequeños detalles que acompañan las rutinas que vamos creando es lo que hace que uno se sienta en familia. Vamos abriendo nuestra alma a aquellos que nos acompañan y el tiempo, a cambio, nos regala momentos cada vez más especiales.

Es fácil vivir cuando lo único que preocupa y ocupa es la propia vida. Quizás sea este el aprendizaje más importante que hemos hecho durante los cinco días anteriores: hay que estar presente. Todos los que nos acompañan nos transmiten que lo sintamos todo porque, de un modo u otro, esto nos va a hacer nuevos mapas en la piel. Y hoy, hoy que nos vamos creo que eso tiene que ser real. Hoy viajamos con nuevos sueños en el barco que nos acompaña hacia una nueva aventura.

Llenos de sol, arena y ganas de ser mejores comprendimos en Gran Canaria que el cambio estará siempre en nuestras manos, y en el poder que cobran al acompañarse de otras.

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