Rumbo al descubrir

El quinto día de esta aventura comenzó un poco más temprano de lo habitual. A las 5 de la mañana nos disponíamos a despedirnos de nuestra primera casa: el municipio de Arucas, en la isla de Gran Canaria.
Entre legañas y bostezos se palpaba la ilusión, ya que por fin el concepto de “viaje nómada” cobraba sentido.
Para algunos, salir del Puerto de Las Palmas de Gran Canaria a bordo del Armas significó un segundo inicio, para otros, suponía experimentar por primera vez la sensación de estar en medio del océano. Pero sin duda alguna, todos compartíamos el deseo de descubrir lo que nos depararía nuestro próximo destino: la isla del viento, Fuerteventura.
Un sol radiante y aguas cristalinas nos dieron la bienvenida a nuestra llegada al Puerto de Morro Jable.
Sucumbimos ante la belleza del paisaje e hicimos una breve parada en el Risco del Paso, donde disfrutamos de una maravillosa e inspiradora vista; el gran azul que se vuelve turquesa al mezclarse con la arena blanca de la playa, un enorme velero que surcaba las olas domando el fuerte viento…
Finalmente llegamos a nuestro nuevo hogar de acogida: el I.E.S. Vigan, situado en Gran Tarajal, en el municipio de Tuineje. Sentirnos como en casa nos llevó unos pocos minutos, así que, una vez instalados y con la barriga llena, bajamos caminando a la playa de Gran Tarajal. Allí disfrutamos de un refrescante baño en el mar, a pesar de que el efecto del grupo de ruteros y nuestras camisetas azules no pasó por alto para nadie. Qué orgullo y qué responsabilidad.
Cambiar de isla supone cambiar de retos, de expectativas y necesidades, pero sobre todo, es motivación alimentada, deseo de tener nuevas experiencias y de compartir los unos con los otros. Fuerteventura ha tenido en nosotros el efecto del olor a pan recién horneado por la mañana, definitivamente ha abierto nuestro apetito de rutero.

Deja un comentario