Hay números que para nosotros son especiales, ya que definen la aventura de la que formamos parte. Hoy es el séptimo día de nuestro viaje por las siete islas en la séptima edición de este proyecto, y todo el mundo parece un poco más enganchado a la idea de estar aquí.
Con el sol aun escondido nos levantamos para encarar un día diferente, como lo son todos en Fuerteventura. Ocupamos nuestras horas de mil formas diferentes, y hoy por la mañana quisimos aprender a bailar, a hacer malabares y a cantar en otro idioma. De alguna forma descubrimos que todos somos pequeños artistas deseando compartir con los demás lo que nos define.
Más tarde, fuimos a la playa de Gran Tarajal para ayudar a dinamizar un campamento infantil junto con los jóvenes del campo de trabajo del Cabildo de Fuerteventura. Uno de nosotros dijo allí que por muy grandes que seamos, volver a sentirnos niños es de las cosas que más nos llenan. A los pequeños les dio la risa al oírlo, nosotros sonreímos sopesando la certeza de esas palabras. Dicen que uno conecta consigo mismo en un viaje nómada, y hoy los cuarenta y cinco volvimos a tener diez años y la ilusión en los pies.
Después de los juegos volvimos a casa. Cada vez somos más los que nos referimos a ella así, porque casa es donde estamos juntos. Por la tarde, tras realizar un sendero llegamos a la playa de Jarugo, donde las olas de un embravecido mar Atlántico nos permitieron seguir siendo quienes ansiamos. En ese último baño de la tarde, todo tiempo fue poco para reír más y mejor.
Hoy se quedan muchas cosas en este aire que nos rodea, pero seguramente todos vayamos a dormir pensando en algo que nos contaron esta mañana: todos tenemos un rol en este viaje, y todos navegamos con la intención de comprenderlo. Hablamos mucho entre nosotros y con nosotros mismos, quizás buscando encontrar nuestros propios motivos en el día a día. Tenemos constantes preguntas y eso nos recuerda que sólo amaneciendo de nuevo podremos responderlas.
Siete veces siete
