Al principio del viaje estaba desconcertado ante tantos rostros desconocidos con quienes iba a vivir y a compartir muchas experiencias.
Me aterraba no saber si iba a encajar con ellos, si iba a poder ser yo mismo, transparente, natural, sin frenos.
Al mismo tiempo pensaba que podía ser la gran oportunidad de gritarle al mundo que aquí estoy, que no tengo miedos, que aunque me miren cientos de ojos voy a sacar lo mejor de mí.
Y así fue. Hoy puedo decir que no he huido, no me he escondido, no me he callado. Todo lo contrario. He sido yo.
Sin miedo a nada
