He aprendido lo importante que es un buenos días.
Un abrazo y una despedida.
El buenas noches, un beso en la frente.
Un gesto, una caricia en el momento propicio,
cuando tus pensamientos, traicioneros,
deciden mantenerte al borde del precipicio.
Un gracias, un lo siento,
un simple: «no sé por qué hice esto»
«Por qué lo dije»
He aprendido a hacer las cosas hoy,
y a no dejarlas para mañana.
A no juzgar, y preguntar,
si cualquier comportamiento me extraña.
A compartir, cuando estoy feliz,
pero también cuando no lo estoy.
A aceptarme y respetar,
esa tristeza, esa melancolía,
a no estar al 100% todos los días.
Pero dejarte en cada cosa que haces,
la piel y la vida.
Pues he aprendido que lo que se hace con amor se proyecta.
Y, aunque parezca sorprendente,
te llega de vuelta.
Y he aprendido sobre esa vuelta, que hay que darle a las cosas.
Siempre.
Esa confianza que debes depositar en los que ahora son tu gente.
E igual que lo malo, a soltar lo bueno,
pues todos aquí, tan especiales,
de verdad lo merecemos.
A dejarlo salir todo y no callar nada.
Pues podría ser que ese día llegara,
eso que llaman arrepentimiento.
Y eso es algo que también he aprendido,
y que ninguno queremos.
Sobre las cosas que he aprendido
