Amanecemos ensalitrados y relamidos tras el baño nocturno en el Puerto de Tazacorte, donde estuvimos cosquilleando microalgas bioluminiscentes en un estado de plétora emocional y lunar.
El arrullo musical de la voz de Gara -nuestra responsable del día- nos despierta para ser llevados en volandas por los madrugadores vecinos –¡mil gracias!- hasta el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, siguiendo el zigzagueante ascenso que da inicio al sendero de Los Brecitos, a mil metros de altitud.
La Caldera fue la avanzadilla en la emersión de la Isla hace tres millones de años. Al igual que ya veníamos intuyendo en nuestra transformación rutera, hoy aprendemos de la geología que también es posible formarse por erosión y desprendimiento. Así nos lo confirmará Juan, guía del Parque, en el Centro de Interpretación.
Comenzamos. Estiramientos, sonrisas y paso corto. Por los aledaños chismosos del pinar, nos acompañan cuervos, grajas, mirlos y un búho chico que vuelve de parranda. Atravesamos una mancha de laurisilva y fayal-brezal, festoneada por helechos y bejeques. Paso a paso, el continuo rumor de fondo se va amplificando según descendemos. Y a la cota de seiscientos metros, en la última revuelta, se nos presenta en su más plena expresión… EL AGUA. Agua dulce cayendo generosamente barranco abajo en pleno agosto. Y con ella; la vida y sus lecciones: saucedas que siguiendo el curso del río, demuestran flexibilidad sin quebranto; cascadas de colores que contradicen adjetivos aprendidos de carrerilla desde un pupitre- insípida, incolora e inolora-.
Descendiendo por el Barranco de las Angustias, completamos nuestra doble aventura circular: la de tierra firme y la del líquido elemento. Comenzamos el día con agua dulce y lo acabamos con agua salada, de nuevo en la playa de Tazacorte. El broche ideal para homenajear, agotados y flotantes, a los protagonistas de aquel cuadro de Néstor Martín Fernández de la Torre; “Mar en Reposo”.
Y así volvemos al tiempo de nanas: evocando la dulce cadencia palmera. El rumor del agua en la Caldera.
