Atrapasueños

El camino avanza y nuestro proyecto de comunidad va cogiendo forma. Cada experiencia amuelda nuestra unidad y da sentido a un mismo son.
En la mañana de nuestro duodécimo día hemos cogido forma de atrapasueños: literalmente, nos hemos adentrado en los sueños de otros y, atrapando todas las pesadillas, hemos esclarecido la vista al frente de todas aquellas primeras ideas que más allá de sueños se convierten en proyectos. Lo hemos podido hacer en nuestra colaboración en el molino Jose María Gil, último molino de gofio de la isla de Lanzarote que actualmente es un proyecto asociativo lleno de emoción y mujeres como Estefanía y Sílvia (nieta del que fue el último en recuperar el molino el año 1919); que luchan por su conservación con el objetivo de no perder el método tradicional de elaboración del gofio. Mediante una gran diversidad de labores (rascar, lijar, pintar, quitar malas hierbas, vaciar trasteros…) y elaborando una rica receta de pella de gofio, nos hemos puesto en su piel haciendo su sueño un poco más real.
Al mediodía hemos visitado las colonias que cada año organiza la FRATER (Fraternidad Cristiana de Personas con Discapacidad). Gracias a ello hemos compartido tiempo con una gran variedad de personas: nos podía parecer estar soñando puesto que es impensable y a la vez admirable ver cómo alguien puede ser capacez de seguir adelante a pesar de todas las adversidades, eso sí que es ser un verdadero atrapasueños. Realmente, esta experiencia nos hace valorar lo poco que verdaderamente hace falta. Y a la vez entender que un rato compartido es de lo más gratificante.
Para empezar la tarde nos hemos dirigido a un centro insular de deportes náuticos donde nuestro atrapasueños se difuminaba con la realidad. La realización de todo tipo de actividades acuáticas (windsurf, kayak, snorkel…) nos ha permitido evadirnos y desconectar plenamente, y mira que es difícil dejar la mente en blanco… será que el Atlántico y su vida, bien fresca, tiene ese poder sobre nosotros.
Seguimos en las nubes porque al volver a «casa» hemos gozado de una cena colaborativa de lo más gourmet en la que, entre todos, hemos enseñado al resto las recetas de pasta más exquisitas. Se hace agradable cenar todos juntos, la comida siempre es un momento para compartir, sobretodo teneindo en cuenta que a pesar de tener siempre el mismo margen de tiempo y espacio, no es una cosa que podamos hacer siempre.  Acompañada de un certamen, el momento de cocina se ha hecho de lo más interesante. Definitivamente, cosas como ésta nos siguen dando forma.
Cerramos el día saliendo de los sueños de los demás, dejando de ser atrapasueños gracias a Elena, rutera del 2011 que nos explica sus vivencias de viaje generando en nosotros una nueva forma que posiblemente nos acompañe el resto de nuestas vidas: soñar despiertos. Pero, ¿porque no ser atrapasueños que a la vez sueñan despiertos?

Deja un comentario