Hoy hemos dejado atrás nuestra segunda isla, y digo nuestra, porque mientras viajamos en el Armas rumbo a Lanzarote, alejándonos de Fuerteventura, sentimos que algo nos tira, no podemos despegar la vista de la isla que nos ha enseñado tanto en tan pocos días.
Los días se solapan en nuestra mente, el tiempo ha pasado tan rápido que cuesta asimilar todo lo realizado, sin embargo, recordamos la emotiva despedida de Betancuria, Mari, su concejala, nos dijo hasta pronto y tanto ru7eros, como ella, nos agradecimos todo lo compartido.
Preparar de nuevo la mochila y dejar en Parra Medina nuestra huella ocupó parte de nuestra mañana. Limpiamos con esmero los cristales de la guagua, para disfrutar los últimos vistazos de los pueblecitos blancos sobre las faldas marrones llenas de picón, nos dirigimos hacia el norte rumbo a Corralejo.
Allí por unas tres horas disfrutamos por primera vez de un tiempo sin planificar, recorrimos el lugar, disfrutamos de la mar y de un buen helado de tuno indio.
La llegada a Lanzarote por el puerto de Playa Blanca levantó en el grupo expectación, excitación, nerviosismo… estábamos en una nueva isla.
En el Hiperdino nos abastecimos para los cinco próximos días y partimos hacia Haría.
El camino nos deparaba parajes totalmente distintos a los vistos, la orografía era más abrupta, los volcanes imponentes se plantaban entre llanos de negra piedra volcánica.
En Haría nos esperaban muros llenos de dibujos coloridos, hacemos de una Residencia de niños nuestro nuevo campamento.