Camisetas azules que se tiñen de vida

La Palma nos ha dado mucho. La sensación que tenemos de unión, de grupo, crece aún más fuerte, nos permitimos ser vulnerables, llorar y ser nosotros mismos sin miedo al rechazo o los prejuicios. Es increíble este sentimiento de acogida que emanan las casi sesenta personas, porque coordinación técnica e invitados se suman poco a poco a nosotros, que forman esta Ru7a. Desde que llegamos aquí, en la oscuridad de la noche, la luz de La Palma nos ha guiado infundiéndonos valor, maravillándonos con su belleza y dándonos la oportunidad para realmente conocernos entre nosotros, agradecernos uno a uno por cómo somos y las experiencias que hemos compartido y por ser capaces de superar cualquier dificultad juntos.
Ya la isla bonita comienza a desaparecer de mi vista a medida que el Armas avanza más hacia alta mar. Cierro mis párpados para recordar lo que estos cinco días en Breña Baja han sido y recuerdos cálidos acuden a mi memoria. No desaparecerá de mi mente aquel camino que recorrimos el primer día en el cual vimos estampas completamente diferentes en tan poco tiempo y espacio como el pinar, en verdes y marrones suaves; el malpaís, rojo fundido en negro y la laurisilva, en verdes oscuros, creando sombras y escenas prehistóricas. Sin embargo, este viaje no hubiera sido tan especial sin Cecilio, experto en salto del pastor, quién con tanta pasión nos enseñó tanto. Tampoco olvidaré aquella mañana de playa jugando junto a algunos renacuajos de la escuela de verano Ekalis o aquella otra mañana de aventura en las alturas de los pinos. Esto nos enseña a escuchar y apreciar los momentos sencillos, donde solo corremos detrás de alguien, atravesamos unos aros de colores o construimos castillos en la arena.
La Palma también nos regaló paisajes que quitan el habla, como la caminata en la laurisilva hacia los Tilos o aquel baño en Los Nogales, una de las playas vírgenes más impactantes de España. Pero sobretodo siempre recordaremos con cariño muchas de las actividades que el grupo ha realizado conjuntamente, por sugerencia del equipo técnico o por iniciativa propia de los ruteros. Unas actividades que nos han mostrado todo el talento que se esconde entre nuestras sonrisas y que nos enseñan que vamos en buen camino, como la asamblea que celebramos espontáneamente para resolver algunos temas escuchándonos los unos a los otros, o la actividad de escucha activa en la que, por primera vez, dejamos de hablar por un tiempo para simplemente escuchar y en silencio agradecimos, a cada una de las personas que forman esta familia, el haber vivido 30 días de viaje nómada hasta ahora.
Al horizonte ya no se divisa tierra, La Palma nos da su último adiós y nosotros nos llevamos su cariño en nuestro corazón. Esta isla, para nosotros, será por siempre el lugar mágico de contrastes, cielos brillantes y abrazos interminables.

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