Carlos Hernández, una ráfaga de optimismo

“La diferencia entre un sueño y una meta es una fecha” con esta cita personal se presenta el madrileño Carlos Hernández, optimista de profesión. Actualmente se dedica a ser consultor de formación y a impartir conferencias motivadoras en empresas, aunque en sus inicios comenzó dando cursos de habilidades sociales. Su recorrido académico no ha sido escueto, ya que comenzó estudiando Trabajo Social, continuó con Sociología, donde realizó posteriormente un máster en Recursos Humanos y, por último, estudió Periodismo. Tras este largo currículo, nos confiesa que le gustaría estudiar Psicología, ya que se define como “una persona con hambre de aprender”. Carlos nos cuenta que le habría gustado vivir de los viajes, escribiendo para agencias, siendo presentador de programas de viajes o buscando localizaciones para rodajes de películas.
Carlos ha decidido repetir la experiencia de Ruta Siete por segundo año consecutivo, ya que compartir cinco días de convivencia con los jóvenes universitarios de este proyecto, que colaboran y viajan, le hace retroceder a su juventud. Nos confiesa que le resulta más enriquecedor pasar estos cinco días en una isla canaria casi como un rutero más, que estar tumbado en cualquier playa.
Está de acuerdo con que Ruta es un viaje realmente transformador, que genera una especie de semilla que anima a crear, a involucrarse , que realza las inquietudes, además de abrir ventanas y horizontes a cada uno de los 45 ruteros y ruteras. Opina que la sociedad en la que nos encontramos nos encierra, nos enfoca en una dirección sin planteamientos de nuevos retos, de nuevas metas. Cree que proyectos como Ruta Siete debe haber miles, ya que promueve en los jóvenes un conjunto de conocimientos y habilidades para aprender a vivir en comunidad que llegan a enriquecer tanto a la sociedad presente como futura. Conoció Ruta Siete gracias al proyecto juvenil España Rumbo al Sur, considerando que entre ambos proyectos existe un objetivo común: “el de abrir mundo a los jóvenes”. A pesar de que la metodología usada en ambos es distinta.
Al preguntarle qué significa para él el optimismo, nos respondió que es “aquella actitud que nos hace pensar que las cosas pueden ir a mejor y el mero hecho de pensarlo hace que se pueda realizar, sacando a la vez, provecho de situaciones negativas”. Por otro lado, considera interesante que se realicen charlas motivadoras y de optimismo en proyectos como estos, pues en contextos educativos formales no se abordan estos contenidos. En este campo sería necesario abrir ventanas comunicativas en las que se compartan distintos puntos de vista y se cree un ambiente reflexivo.
Le preguntamos si hubo algún punto de inflexión en su vida, a lo que nos respondió que para él su vida es un continuo de vivencias, no tiene una experiencia en concreto que le haya hecho cambiar de manera radical. Aunque sí nos confesó que en su etapa juvenil, el haber participado en campamentos amplió su marco de referencia vital.
Para finalizar la entrevista, quisimos saber cómo le gustaría ser recordado, a lo que Carlos respondió que querría ser reconocido por hacer las cosas bien, por contribuir a hacer un mundo mejor haciendo felices a las personas que viven a su alrededor. En definitiva, quiere que tras su paso por la vida las personas digan de él: “Carlos fue un ejemplo”.

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