Esta mañana, tras despertarnos, terminamos de espabilar nuestro cuerpo bailando a ritmo de música negra. Tras desayunar, tomamos rumbo a la octava isla y a la más risueña; La Graciosa.
Estábamos muy emocionados por encontrarnos con ella. El mar nos recibió bravo y el Ferry se balanceaba más fuerte de lo normal; subió ligeramente nuestra adrenalina y nos divirtió mucho. En la isla pequeñita, hicimos una campaña de concienciación donde recogíamos colillas de cigarros, que estaban repartidas por el arenoso suelo de toda la isla, y entregábamos ceniceros a los fumadores que se encontraban allí, comentándole la problemática que existía con ellas.
A la vuelta al campamento en Haría, Elena nos regaló una charla sobre economía social en la que aprendimos mucho. Luego, la emoción no hizo sino aumentar con el resto de las actividades que nos esperaban.
Llegó Isabel, regalándonos y compartiendo con nosotros un cuento que salía directamente desde su alma, para encontrar la nuestra. Fue muy bonito, nos permitió seguir descubriendo el contenido de la mochila que Lanzarote siempre lleva a cuestas; la historia que ha construido su identidad, ayudándonos a entenderla más. Nos emocionó tanto, que a muchos se nos saltaron algunas lágrimas. Nos sentimos muy agradecidos de que nos brindaran un momento tan auténtico en ese patio, en el que la magia se mezcló con la realidad y hasta los colores tomaron un tono onírico, como si de un genial sueño se tratase; no nos queríamos despertar del embrujo de la palabra, la voz cantante, el mensaje perfectamente improvisado.
Luego, a ritmos de tambor, nos guiaron con los ojos cerrados a través de un viaje en el tiempo, donde nos sorprendieron con regalos que los ruteros de los años anteriores habían dejado para cada uno de nosotros. No pudo haber una mejor forma de terminar el día, que creando conexiones a través de personas, espacio y tiempo.
En definitiva; igual que la especial isla que visitamos y el protagonista del cuento de Isabel; tras este día tan lleno de sensaciones geniales, hoy nos vamos a la cama cansados y alegres, como chinijos.
