Tercer día de Ru7a y primera actividad física a las seis de la mañana. Despertamos aun con legañas en los ojos y, entre risas, aprendemos algo de boxeo y nos activamos para el largo día que nos espera.
Desayunamos, nos preparamos y dejamos volar la imaginación en grupo al plasmar en papel nuestras expectativas sobre este viaje transformador. Romper miedos, conocernos a nosotros mismos o salir de nuestra zona de confort. Sentimos que el cambio está en nuestras manos. Aquí, ahora, todos juntos, intercambiándonos miradas de complicidad.
Para la colaboración de hoy, consistente en adecentar una zona adyacente al alojamiento, tenemos la oportunidad de contar con un componente de lujo: la inocencia de un grupo de 40 niños y niñas de 8 a 10 años. Juntos, codo a codo, trabajando como uno solo. Creednos, no hay nada más bonito como ser aquel faro que los ilumina durante unas horas.
Seguimos nuestro camino tocando la inmensidad del Océano Atlántico en la Playa de El Puertillo, en Bañaderos. La marea azul se funde con el intenso oleaje que azota la costa, sintiéndonos libres a la vez que diminutos ante tal paisaje.
Mediada la tarde tenemos la ocasión de aprender el oficio de la lucha canaria de la mano de algunos luchadores locales. Un deporte que combina nobleza y compañerismo, dos de los valores fundamentales de Ru7a. Gracias a ellos practicamos un poco y podemos ponernos en su piel al encontrarnos en el centro del terrero.
Finalizamos el día conociendo un poco más acerca de las siete islas que vamos a recorrer junto con Nacho y lloramos de risa como nunca con el verseador Yeray Rodríguez, al mismo tiempo que descubrimos con su impresionante sabiduría el arte del verso libre. Sentimos que nos vamos a dormir con la mandíbula desencajada de tanto reír.
Preparamos los sacos, apagamos las luces y cerramos los ojos. Sintiendo que esto ya no para, sintiendo que el tiempo vuela.
Disfrutando como niños
