Soledad. Eso se respira al llegar a la isla tranquila. Por un momento, la desolación de su paisaje la hace parecer mediocre. Sin embargo, a medida que te adentras en su orografía de desierto ocre, playas kilométricas y volcanes antiquísimos que cuentan la historia viva, de una isla emergida del mar, esa mediocridad se convierte en un paraíso de naturaleza salvaje.El silencio acompañado de una suave brisa, nos invita a evadirnos y a reflexionar. Aquí no pasa nada, aquí estoy sentada, en un bello lugar donde poder soñar. Es un refugio lejano de un nuevo verano, donde todos juntos podremos disfrutar de un exilio escogido, una parada en esta esquina del mundo, un descanso de nuestra irrefrenable rutina. Aquí nadie llegaba, aquí estoy sentada, en un lugar perdido, de viento, nostalgia y olvido.La noche cae sobre nosotros. La vida se calma, la energía que se respira es más aletargada. Conectamos con la naturaleza de forma diferente, ahora son nuestros oídos quienes nos sorprenden. En este recóndito paraje, nada nos puede perturbar, somos libres para desconectar de los ruidos agobiantes que nos roban la tranquilidad.Aquí no hay nada, aquí estoy sentada.
El escondite del mundo
