Cinco días dan para mucho, si no que nos pregunten a los ru7eros por la estancia en El Hierro, una isla que enamora más y más a cada paso que das. Desde el Armas, las caras de la gente reflejan alegría al avistar el Puerto de La Estaca, pero también nervios por pisar tierra firme.
Nuestras huellas se sienten en El Pinar, donde convivimos conociendo las costumbres de sus habitantes. Cada uno de ellos está relacionado con Ru7a de una u otra forma: En la granja de Julio aprendemos el valor del trabajo duro y la importancia que tiene la ilusión a la hora de llevar a cabo nuestros proyectos. El sendero desde El Pinar hasta La Restinga (pueblo más de moda de la isla) supone un nuevo concepto de sendero para todos, al compartirlo con los propios vecinos del pueblo. La unión, tradición y colaboración se ven reflejadas en los bailes y toques de bailadores y músicos del municipio de acogida, lo cual da lugar a la expresión corporal de la alegría en cada uno de nosotros y de los vecinos allí presentes. Por si esto fuese poco, el altruismo lo demuestran las personas que, a cambio de un poquito por nuestra parte, dan todo lo posible de sí.
Las legañas de un despertar en Buenos Días Ru7a se convierten en lágrimas de emoción bajo las estrellas y con el sonido de una guitarra de fondo. Momentos únicos y especiales, desde un amanecer sobre el mar hasta un atardecer sobre La Gomera. La simple mirada de las personas de la residencia para mayores de Frontera nos transmite mil y un sentimientos sobre toda una vida llena de experiencias, lo cual se puede resumir como sabiduría.
También aprendemos con la batuka a mover las caderas, cómo embelesar a niños con cuentos, cursos intensivos de masajes renovadores, eslovaco para principiantes o caricaturas con la descripción personal de los ru7eros.
Zarpamos de El Hierro rumbo a La Palma, pero no olvidaremos la gente que allí habita, sus costumbres, su acento, su ayuda, su cercanía. Los herreños nos enseñan a vivir en comunidad, a compartir con los demás sin pedir nada a cambio, a saber que, el solo hecho de hacer algo por los demás, puede suponer una recompensa para nosotros mismos.
El Hierro no tiene precio
