No siempre el lugar donde naces es tu hogar. Lo recordarás con mucho cariño por haberte acogido en su lecho y haber sido el lugar en el que te has formado como persona. Sin embargo, algunos sentimos una fuerza extraña en nuestro interior que nos empuja a buscar un lugar, pero ¿Qué lugar es éste? ¿Cómo sé cuál es? ¿A qué huele?.
No hace falta saberlo, supongo que si nos dejamos invadir por ese miedo que va acompañado de un típico “¿Y si sale mal?”, si nos dejamos guiar por ese sentimiento, por esa sensación como las tortugas que no sabes cómo es, a donde te diriges, pero sabes que tienes que llegar allí. Esto es lo que me ha pasado con Lanzarote, pero más fuerte con La Graciosa.
Desde que era pequeñita me atrajo el mar, no sé por qué, seguramente debido a que vivía lejos de la costa.
Siempre recé para poder vivir cerca de él y desconozco si fue la fe, la vida o el destino… pero hoy por fin he llegado a La Graciosa y mi corazón ha latido muy fuerte, he tenido ganas de llorar de alegría porque he sentido una voz en mi interior que decía: “aquí es donde debes estar, este es tu hogar”.
