Nuestro penúltimo día en El Hierro comenzó con una visita a La Restinga, un lugar especial de la isla bañado por su actividad volcánica. Gracias a Nacho, Atma, Sara y Luis, especialistas en biología, geología y ciencias del mar, pudimos aprender sobre la flora, la fauna, el origen y la formación rocosa del lugar. Tras una ruta por estos parajes herreños, acabamos en una bonita playa junto a un puerto, donde comimos, nos refrescamos y disfrutamos de las maravillosas vistas del lugar. Podíamos apreciar decenas de barcos y veleros descansando sobre un mar tranquilo y en calma, cuyo horizonte estaba cubierto por un bello cielo azul, claro y despejado.
Al mediodía, regresamos a nuestro hogar y nos preparamos para una de las experiencias más emotivas e inolvidables de Ruta Siete: el micro abierto. Cada uno de los 45 ruteros sale a hablar en público unos minutos sobre una vivencia personal, reflexión o cualquier otra temática que quiera compartir con sus compañeros. Hoy fue el comienzo de esta original dinámica, que nos brindó la oportunidad de abrirnos ante los demás y derribar nuestros muros internos.
Para culminar el día, los ruteros fuimos al centro de una asociación folclórica. Allí aprendimos algunos bailes y cantos tradicionales de El Hierro, que iluminaron la sonrisa de muchos y fortalecieron las ganas de continuar disfrutando y aprendiendo de este viaje, que poco a poco, nos está liberando y animando a ser nosotros mismos.
Emociones al descubierto
