El día comienza y se huele algo diferentes en el ambiente. A primera hora, nos avisan que visitaremos la Casa de César Manrique, pero luego nos sorprenden diciéndonos que visitaremos La Graciosa y además, pasaremos la noche ahí. Una sensación de euforia se contagió entre los ruteros y en seguida empezaron los aplausos y la celebración. ¡Todos preparados para la aventura!
Tras conocer la sorprendente casa de César Manrique y ver reflejado en sus obras su consciencia con la naturaleza y el paisaje de Lanzarote, nos dirigimos rumbo a La Graciosa. Una vez allí, fuimos hasta la playa “La Cocina” justo debajo de Montaña Amarilla.
Por la tarde, hicimos una colaboración con los niños del pueblo, con juegos y talleres de papiroflexia y pulseras. Era algo nuevo para nosotros y nos demostró a todos la satisfacción que se produce al tratar con niños y dejar que nos llenen con su energía y vitalidad.
Para finalizar el día, cenamos en Caleta de Cebo y hicimos una dinámica grupal para fortalecer los lazos que ya nos unen. Sinceramente, faltan adjetivos para describir el día de hoy.
En la octava isla
