Después de un “Buenas días” muy animada y dinámica de Rayco nos transladamos a la cala de Tamaduste. Allí desayunamos todavía con las linternas de la noche reflejándose en el mar. Algunos aprovecharon la oportunidad para bañarse mientras disfrutaban el amanecer. Esperando y dudando si el sol saldría hoy trás la olas y las nubes que surcanban el añil sentiño de oro.
Nuestra GLOBAL nos llevó a la granja de Colaco y Angeles en Ereze. Nos eperaban trabajando desde las 5.30 de la manaña. Encaminandose a la finca entre flores y arboles frutales, además de el olor de animales de granja que nos recordaron a nuestros abuelos y nos devolvieron a la infancia. Colaco nos describió un poco de su vida y nos enseñó como se ordeñan las cabras. Algunos se sentieron comodos y no notaron ningún olor extraño al entrar a las casitas de los cerditos, ya que después de 23 días de viaje nos sentimos un poco cocino. A otros casi no se podían despedirse de los pequeños gatos y cabras, pero nos esperaba Javier en otra granja. El nos mostró su perspectiva sobre la vida en la finca y las dificultades que hay que sortear para superar la presión del mercado. El y sus padres estan trabajando con mucha dedicación y tienen la granja vacunera más grande del Hierro.
En los dos granjas nos ofrecieron tortas ricisimas y refrescos. Recibimos tanto cariño como les dan a sus animales. No vamos a olvidar estas personas que están trabajando en cuerpo y alma y que tienen un corazón enorme.
Por la tarde fuimos al centro cultural en Tinjandaj donde el grupo folklórico Joapiro nos enseñaron los bailes típicos de El Hierro. Nos prestaron los instrumentos, aún teniendo un gran valor y terminamos todos bailando a los bailes típicos con mucha alegría y risa bajo el sol del Hierro.
Entre gallinas y cabras
