Suena el despertador por trigésima quinta vez. La última responsable de día intenta que salgamos del saco pero se lo ponemos más difícil que nunca. No es que queramos seguir durmiendo sino que tratamos de aferrarnos al sueño que es Ru7a. Sabemos que esto no es el final de nada, que es el principio de todo, pero se nos hace muy complicado dejar atrás una fase tan importante. Aunque nada de esto es excusa para dejar de demostrar por última vez que hemos aprendido a trabajar en equipo. En tiempo récord el Aula de la Naturaleza de El Cedro estaba tan limpia como la encontramos y las mochilas bien guardadas en la guagua.
Abandonamos el Parque de Garajonay, nuestra bonita casa durante estos últimos días, para poner rumbo al Muelle de San Sebastián de la Gomera. En el trayecto algunos intentaban animarse con la música pero la mayoría del grupo descansaba para afrontar el día que teníamos por delante. Así llegamos al primer barco del día, el que nos llevaría a realizar nuestra última escala en Tenerife antes de llegar a nuestro destino.
Parar en Tenerife nos hizo reflexionar y charlar con los compañeros sobre lo diferentes que éramos la primera vez que visitamos la isla chicharrera. Era impresionante ver lo que había cambiado la comunidad en quince días. Nuestro último recorrido en la guagua nos llevaría desde el Muelle de los Cristianos al Muelle de Santa Cruz. Ahí sí que todos cantamos las canciones que han hecho de banda sonora de estos 35 días. Sabíamos que era el momento perfecto para apartar nuestro cansancio y sumarnos a la fiesta.
Llegados a Santa Cruz tocaba enfrentarse por primera vez a la realidad de la despedida. Nuestro compañero Nico se quedaba en su isla y teníamos que decirle hasta luego. Muchos nos dimos cuenta de que era verdad que el viaje se acababa y nos emocionamos al pensar que afrontábamos las últimas horas rodeados constantemente de camisetas azules que nos sonreían al pasar y que no necesitaban excusa para regalar un abrazo.
Aprovechamos el trecho final para trabajar en nuestros retos creativos y para exprimir las últimas conversaciones. Tratamos de no pensar en las lágrimas que caerán en la llegada del barco a Gran Canaria. Sonreímos y nos damos la mano para llegar juntos y con la cabeza alta a la meta. Partimos 45 universitarios, regresa una familia.
Gracias
